El sueño...

Ayer tuve un sueño que me dejo claro que mis traumas y temores son constantes y perfectamente definidos.

El sueño no viene al caso, solo yo lo entiendo, lo importante es la sensacion que deja tras de si.

No es el hecho de perder algo, ni siquiera de la ofendida indignacion de aquel que siente invadido su jardin personal (gracias F. Pohl), mas bien es la decepcion de saber que la otra persona no desee solo lo que obtiene.

Por que en el sueño, mientras entreveia su cuerpo a traves de las capas de tela, no sentia nada, fue solo al ver su rostro, la satisfaccion que habia en el, que comprendi que ahi residian mis pedos, mis temores, mis anhelos.

No la conocia, no se quien era, pero no importa, su rostro representa todos los rostros, su cuerpo eran todos los cuerpos, los cuerpos de todas las mujeres; mis mujeres.

Por que aunque el filosofo negro ya lo expreso perfectamente, que ninguna mujer tiene dueño, pero uno le pertenece a otra persona en la justa medida en la que lo decida, tengo que recalcarlo; no son mias, pero lo fueron, lo fuimos.

Desperte con esa sensacion, esa sensacion que he sentido pocas veces, de perdida, de vacio, de dolor ante la indiferencia, de su indiferencia, de saberme innecesario, obsoleto, de darme la vuelta y caminar hacia ningun lugar, de saber que a mis espaldas solo queda la sombra de lo que nunca fue, y, lastimeramente, estar dispuesto a regresar corriendo ante la mas minima señal.

Pero ese pequeño dolor, esa punzada que recorre lentamente, pulsando, desde la boca del estomago hasta la cosa esa que tenemos -teniamos- detras del esternon, es la unica cosa que a veces hace que valga la pena estar en este circo que llamamos vida, sin el no seriamos mas que zombis, zombis felices sin duda, pero yo no preferiria esa opcion.

Asi que por favor, sal -salgan- de mis sueños, no las necesito ahi, ni siquiera se si las necesito aqui, no quiero enterarme -ni imaginarme, siendo este el caso- del momento en que decidiran dejar de pertenecerme, permitanme conservar la ilusion de que nunca dejaran de hacerlo, yo no lo mencionare jamas, sera nuestro secreto, sencillamente, dejemos que un pedazo de ustedes se quede aqui adentro, en mis tripas, no en mi cabeza, - y menos aun- en mis sueños. 


Así soy

-¿Que se supone que crees estar haciendo?
-Ya no me digas, ¿o de verdad quieres que te lo explique?
-No, gracias, aunque era una pregunta retorica, se muy bien (o creo) lo que estas haciendo, estas tratando de justificarte de nuevo.
-No, no es solo eso, claro que la justificacion es una de las razones mas grandes, pero en todo caso, siento que es mas una excusa...
-¿Y de cuando aca necesitas excusas?
-Desde el momento en que todo se me empezo a salir de las manos, no deberia extrañarte que yo, siendo quien digo ser, tuviera todo bajo control
-A mi no me salgas con esas mamadas, todo eso del "control" y demas pendejadas se las podran tragar otros, yo no. ¿Por que sencillamente no lo dices tal como es?
-Por que tal como es, es ininteligible, al menos eso creo, no puedo sencillamente sentarme y decir "es algo que tengo que hacer"
-¿Y por que no? ¿que acaso no es verdad? no se por que te encanta azotarte aduciendo esa tan cacareada malinterpretacion, cuando en realidad solo tienes que decir las cosas tal y como son.
-Me estoy ablandando, lo sabes.
-¿Y eso que? deberias por una vez de dejar de subestimar a las personas, no son tan idiotas como crees, incluso -en el fondo lo sabes- son mas inteligentes que tu, o por lo menos tienen mas huevos.
-Ja, ¿vas a hablarme de huevos tu? tu que no haces mas que agarrarte de clavos ardientes para solapar tus pinches necesidades baratas?
-Momento, no estamos hablando de eso, no te salgas por la tangente, ¿que te impide decir "entiende, asi son las cosas"?
-No lo se muy bien, supongo que miedo, ¿que otra cosa va a ser? miedo a volver a lo mismo, a quedarme o ha hacer lo que no quiero solo por cubrirme las espaldas, si, se que tratar de explicar que hace años siento que eso es una de las pocas cosas que me faltan por hacer, que secretamente, muchas veces he deseado volver a empezar de cero, tan solo para buscar esa viviencia, ese sentir, esas decepciones, todos esos pinches cliches de mala pelicula, ridiculas burbujas rosas que me hagan sentir por un momento que no me perdi de gran cosa todos esos años, que es solo eso, y que una vez logrado, volver, ahora si, al camino que tome cuando tenia 12 años.
-¿Lo ves? no es tan dificil, suena ridiculo, pero no complicado.
-Claro, lo complicado viene despues, ¿que hago si no lo entienden? ese es el problema; no hacerlo -eso es tirarme de cabeza, y no importa- el pedo es si quedara algo despues ahi.
-¿Algo o alguien?
-Sabes a que me refiero, me gustaria tener esa seguridad, pero es imposible, de todos modos no haria nada para detenerlo
-¿No hagas nada que no quisieras que te hicieran a ti?
-No, esa pinche frasecita nunca me ha entrado, ¿sabes? no se por que, pero siempre me ha incomodado, no esta bien, en todo caso, segun yo, seria mas correcto decir "No hagas por mi lo que yo no haria por ti"...
-Ja! que chingon eres, de nuevo con tus salidas faciles, no comprometiendote a nada...
-¿Seria mas justo de otra manera?
-No estamos hablando de justicia, sino de lo cobarde que puedes ser cabron, ¿de que chingados te andas cuidando? ¿que de malo tiene que alguien haga algo por ti a sabiendas de que no va a recibir nada? ¿no es eso la verdadera entrega? no mames.
-Lo se carajo, pero aun asi no puedo dejar de sentirme culpable, no puedo sacarme esa pinche sensacion de "deuda", de retribucion, de puta lealtad chingao.
-Como si eso fuera a cambiar las cosas, no te hagas pendejo, a la primera oportunidad vas a empezar a vertir tu frustracion sobre la otra persona, reclamandole en silencio lo que nunca te pidio que hicieras, y eso cabron, es una porqueria.
-Que uno no pida las cosas no significa que pueda desentenderse de ellas, me caga sentirme asi, autopresionado.
-Eres un pinche paranoico, eso es lo que eres, un paranoico mamon y fantoche.
-Callate, no es paranoia, ¿no es obvio que ya no estara ahi al final?
-Puede ser, ¿pero eso te hara cambiar de parecer?
-No, y ese es el problema, si lo hago, es malo, pero si no lo hago, sera peor, y si lo hago, por lo menos me quedara alguna probablididad, o eso creo.
-Tu no crees eso, en verdad lo que quieres es justificar algo completamente comprensible -si, te otorgo ese beneficio putin- y hacer una pinche tormenta en un vaso de agua, esperando que te comprendan y te autorizen a ser tu mismo, a hacer lo que tienes que hacer de todos modos, tal vez no ahora, tal vez nunca, pero eres tan cobarde que quieres tener ese comodin reservado, como una salida facil, no eres mas que un pinche putete pusilanime...
-Ya cabron, no tengo por que estar aguantandote
-Claro que tienes, ademas, en el fondo sabes que tenemos razon.
-Chinga tu madre.
-Si.


A veces ni yo soporto hablar conmigo mismo.  

Jamás

Jamás me han incomodado los silencios largos, sin embargo, lo rompiste.

-Siempre tienes la mirada perdida… Quién sabe en dónde…. Y no es reproche, te lo juro; nada más quisiera que algún día me dijeras en qué estás pensando… que algún día pudieras llevarme ahí… donde estás tan a gusto sin nadie… sin mí.

Recuperé el sentido. Tus palabras me jalaron y metieron de golpe en la realidad de aquella noche serena. Te abracé.

Y sí, lo acepto: andaba vagando por ahí. Remando en un pantano de Oaxaca. Dormido en el vagón de un tren que cruza la sierra nevada de Chihuahua. Caminando descalzo por una playa limpia y llena de conchas. Arrastrando maletas en un hostal con pasillos a media luz en Brujas. En el elevador de la torre Eiffel. En un callejón empedrado con bicicletas por todos lados en Ámsterdam. Haciéndome entender con un nigeriano en un andén de trenes en Londres. Descifrando el mapa de un zoológico para encontrar la jaula de los leopardos de las nieves. En un avión de regreso con barba de 15 días y los bolsillos vacíos. Cenando en los tacos más ricos y más baratos del mundo. Perdido en el fondo de una cacerola con agua hirviendo y pasta. En un juego de Scrabble. En una mesa puesta para cenar, con galletas saladas, atún con chile, tomate y cebolla y vino espumoso de ése que a nadie le gusta.

-Por favor no vuelvas a decirme que estoy en un lugar tan a gusto sin ti –respondí.  

los hoteles.

Desde niño me han gustado los hoteles.

Tengo vívidos recuerdos de muchos de ellos. Imágenes indelebles de lugares remotos en tiempo y distancia.

Recuerdo aquel hotelito en Palenque, un edificio bajo y compacto, de dos plantas solamente. Todos los cuartos tenían una terraza que daba a un jardín trasero, que a su vez estaba cercado por una enorme barda de piedra negra, cubierta por una frondosa y asfixiante enredadera. Cientos de mariposas tapizaban el aire, yo corría tras ellas con una red improvisada. Cuando tenía llena la red, la abría y metía las manos mientras escapaban. Luego miraba fascinado mis dedos cubiertos de polvo brillante.

Luego esta aquel hotel de Acapulco, que contaba con una cocineta. Mis infantiles ojos consideraban maravilloso el tener una estufita en una habitación de hotel, así como un refrigerador. Mi hermana y yo despertábamos temprano sólo para poder desayunar huevos con jamón sentados en la mesita que daba al balcón, viendo el mar a lo lejos. En la alberca de ese hotel casi me ahogo. Nadaba frente al tobogán cuando un niño salió disparado de el, golpeándome con los pies en las costillas. Me sacó el aire y yo manoteé hasta que pude llegar a la orilla, nadie se dio cuenta y yo no dije nada, no sé porque, pero me avergonzaba el hecho de casi haberme ahogado.

Está también el hotelito de San Miguel de Allende, en el que, siendo ya no tan niño, aún podía sentir y creer en el amor como algo real y eterno. Las sillas de herrería, la alberca con agua helada y los farolitos de la terraza me vieron de una forma que ahora se me antoja irreal.

Aún ahora me sorprende descubrir la misma sensación de novedad, de inocente expectativa al quedarme en un hotel desconocido. Es el entrar, observar la disposición de los muebles, el baño, las ventanas. Pequeños detalles que —al igual que cuando era un niño— tienen para mí un aura de efímera pertenencia.

Y al igual que en los días de mi infancia, cada hotel me sigue pareciendo una promesa de una noche y un amanecer distintos. Porque en todos y en cada unos de ellos, he dejado pedazos de mí, o mas bien, pedazos de lo que fuí. Supongo que lo que más dejé olvidado por ahí fue la inocencia; tal vez mi cinismo no sería tan grande si alguna vez hubiera puesto más atención al letrero de "¿Olvida usted algo?".

Ahora que lo pienso, creo que hay otra razón del porque me atraen tanto los hoteles. Pero eso es asunto mío. 


Me gustaría..

-Me gustaría preguntarte que es lo que tengo que hacer para que creyeras en mí. Pero se que no puedo, no debo, y en todo caso, tu no deberías decírmelo. -dijo mirandola.

-No es que no quiera, sencillamente no lo se. Una parte de mi quiere creerte, pero otra no me deja, no se por que, no quiero pensar en eso. -Contesto ella en un susurro.

-Se que tienes miedo, miedo de creer de nuevo, de sentir, de regresar al pasado, ese pasado que apenas hace unos instantes era tu presente -y tu futuro-, de pasarte noches mirándote las uñas, esperando, pensando. Me gustaría decirte "no tengas miedo", pero es una tontería, pedirle a alguien que no tema es como pedirle que deje de respirar. El miedo es parte de nosotros, nos mueve, nos impulsa, el miedo no debería se un obstáculo para hacer las cosas, al contrario; es por miedo -por dominarlo- que debemos seguir, si el miedo te domina, jamás podrás ser tu.-

La lluvia golpeteaba el toldo del auto, era una lluvia fina, tibia, que impregnaba el aire con olor a piedra, a tierra húmeda.

Andrea miraba por la ventana hacia la calle. Absorta. No decía ni una palabra.

-Se que tienes todo el derecho a desconfiar, no soy yo el redentor que viene a borrar tus cicatrices, -si acaso a difuminarlas con nuevas- pero eso no significa que todo lo que diga tenga que ser forzosamente puesto en duda. Puedes intentar imaginar que ganaría yo con ello, y apuesto a que la parte de ti que quiere creer se encontraría de pronto en ventaja.-

-En verdad me gustaría poder escuchar las cosas que dices sin tener siempre la duda, el miedo, estoy cansada, cansada de dudar, de temer, de sentir esa incertidumbre, de no saber que es lo que quiero -o saberlo y no aceptarlo-, pero no puedo hacer otra cosa.-

Afuera, la lluvia creaba pequeños filamentos sobre el parabrisas, cubriéndolo como una telaraña liquida, que destellaba lanzando pequeños reflejos mortecinos, pálidos, amarillos, como la luz de una vela a través de un vidrio turbio. El tibio olor a tierra mojada era más fuerte.

¿Como explicar lo que no necesita explicación?

-Se lo difícil que es confiar de nuevo, y por lo tanto se que no hay nada que pueda decirte que sirva para convencerte, las palabras no sirven, solo las acciones. -Dijo mientras se giraba.

Estiro la mano y tomo la suya, ella lo miro un momento, dudo y después la retiro.

El miro al frente, la lluvia arreciaba. El parabrisas era ahora una masa amorfa, filereada por innumerables y diminutas lanzas liquidas, tomó el volante entre sus manos, suspiro y sonrió 

“insomnio nervioso”

si dejo de fumar: no duermo y la vida entera comienza a ser una cosa insoportable.

si dejo de desvelarme: no duermo y la vida entera comienza a ser una cosa insoportable.
Un doctor parece que le atinó… me dijo que padezco algo que suena como “insomnio nervioso”… me lo resumió en que soy alguien que (como muchas personas actualmente) cuando toca la cama en posición horizontal dispuesta a dormirse… se pone a componer el mundo en su mente… eso, me dice… es demasiado entretenido, cuando te das cuenta han pasado dos o tres horas…
al día siguiente, despiertas de lo poco que dormiste, abres los ojos y te levantas de la cama, pisando un mundo que esta igualito al que dejaste al subirte a la cama… no hay caso, deja de componer el mundo en tu laboratorio craneal… eso me digo… y no sirve.
Será el sereno (dicho de por acá), pero la noche es algo que va más allá de la oportunidad de soñar en un mundo mejor, mundo que, siendo sincero, muy sincero, en su 90% me vale mucha madre… para mi la noche es el mejor momento del día (el de 24 horas pendejos eh… no se vayan con la finta que en un día nomas hay sol.. 
Mis sensaciones son… mientras hay luz de sol, puedo dormir, no hacer nada, estar “guardado” en casa o metido en la oficina… para mí n ohay perdida de tiempo el día no es tan importante, pero cuando el sol se mete, no puedo simplemente no salir de casa, sería como tirar un día a la basura, al oblivion, eso no puedo permitirlo… de noche, todas las cosas importantes en mi vida han ocurrido de noche (excepto conseguir trabajo  y mamadas del estilo)…
Si no era así en un principio, que así creo, eventualmente me rediseñé para vivir de noche mejor que de día… nada malo… si tuviera más oportunidad de dormir de día… a este ritmo voy a morir joven.. snif
De noche uno a veces siente que la ciudad completa le pertenece, de día es sólo un muladar de individuos, un yonke, un deshuesadero de almas…
Llorar en la regadera, como en la lluvia, tiene una cualidad importante, te aleja de la estúpidez humana de evaluar tu dolor, por la cantidad de lágrimas derramadas.”… 

La gente me incomoda

La gente feliz me incomoda.

Pero tengo que ser mas preciso en aras de la exactitud y para evitar posibles confusiones, especifico: La gente feliz enamorada me incomoda.

Y esto no tiene nada que ver —como seguramente muchos simios cortos de miras y con una predisposición ridículamente maniqueísta a dividir las cosas en elementos simplistas con los que puedan lidiar, están pensando— con amargura, frustración o incluso, Buba me libre!, envidia.

Se trata sencillamente de una observación subjetiva. Subjetiva pero sincera.

El problema que veo en esa gente es que están viviendo en una farsa. Si, una farsa que construyeron tan minuciosamente que incluso ellos mismos terminan creyéndosela.

Con esto no quiero decir que no crea en la felicidad, por supuesto que si. En lo que no creo es en ese remedo pusilánime de felicidad que muchas personas creen encontrar en alguien mas.

Porque ahí reside el problema; en encontrar en alguien mas lo que debería residir en nosotros mismos. ¿Que clase de persona vive hundida en la mierda —anímica, if you wish— esperando que sea alguien mas el que traiga consigo la lejía que ha de quitarle toda esa podredumbre de encima?

Les tengo noticias; la vida es una mierda. Pero eso no debe impedir que la pasemos bien. Podemos sacudirnos la mengambrea y alcanzar la felicidad, la única felicidad valida y real; la que nosotros generamos, no la que —supliendo fallas importantísimas de carácter y personalidad— nos trae alguien mas.

Es por eso que cuando escuchemos a alguien decir "Mi vida era un abismo gris, pero tu le has traído luz" o alguna barbaridad semejante, debemos salir corriendo tan rápido como podamos, porque esa persona no ha salido de ese hoyo, ahí sigue y ahí seguirá, por mas luz que crea tener y —peor aun— se sienta en obligación de compartir con los demás.

En realidad esto no tendría importancia si esas personas pudieran lidiar con los dos extremos del espectro anímico. Pero no. Es por eso que me incomodan. Cuando los veo sonrientes, radiantes, cursis y deslumbrantemente felices por tener a su lado a alguien igual de equivocado que ellos, solo puedo pensar en como van estar llorando, arrastrándose desechos, implorando por una razón que mitigue el dolor que ellos solos provocaron al buscar en alguien mas lo que solo uno mismo puede proveer; cuando el amor eterno se les acabe y un día encuentren que la persona que los hacia mas felices que un puerco en un estercolero decidió cargarle sus carencias y esperanzas a otro discapacitado emocional, para así seguir con el circulo vicioso.

Si, algunos podrán decir que se tiene que disfrutar mientras dura. Esta bien. Yo digo que no hay necesidad de disfrutar de eso mientras dura. Los árboles no los dejan ver el bosque: ¿Porque algo dentro de nosotros debe terminar? El día que entiendan eso dejaran de buscar la felicidad en otras personas y serán realmente felices, al tiempo que dejan de hacer alarde ante el mundo de algo que a todas luces es una patraña molesta y burda.

Carajo, definan sus prioridades; una persona puede complementar cosas que ya existen en nosotros, no suplir con camelos y palabras huecas algo que nunca ha estado ahí. ¿Nunca se han preguntado porque la gente enamorada que parece tan feliz un día, al otro esta en un abismo? Es obvio; porque debajo no tenían nada que las sostuvieran; simplemente, cayeron toda la altura de la mentira que se habían creado, hasta alcanzar la altura que tenían desde un principio. Es ahí cuando se ve la verdadera estatura de una persona; hay quienes aun pueden vernos desde arriba, pero son raros, casi todos son pigmeos que tienen que levantar la cabeza incluso para mirar hacia abajo.

Por eso la gente feliz me incomoda  

Solo quiero jugar póquer.

Discretamente, tire un "blof": "No tengo nada", di a entender con mi expresión corporal.

Me miro. Me midio. Y aun así, no tenía juego como para intentar siquiera ver que cargaba yo. Se retiro.

No me quedo de otra mas que bajar mis cartas y frustrado, llevarme lo poco que había sobre la mesa.

Y así es siempre: cuando uno tiene todo para tirarse de cabeza, nadie esta al nivel, nadie parece querer apostar lo suyo contra lo nuestro. Ni siquiera cuando bajamos el perfil funciona; a la otra parte no le interesa destrozarse en un tu por tu. Ya nadie quiere apostar su resto, todo lo que tiene.

Lo irónico es que también hay ocasiones en que tenemos una mano así. Y nos confiamos. Y blofeamos. Y nos tiramos. Y nos hacen pedazos.

Y también las hay que no tenemos nada. Y aun así nos lanzamos. Y nos responden. Y subimos la apuesta. Y al final, después de hacernos mierda los nervios, resulta que ninguno de los dos tenia juego, nadie tenia nada, era solo una falsa sensación de igualdad, que al final se descubre en un anticlímax penoso.

Repito, yo ya no estoy para esos juegos.

Solo quiero jugar póquer.


En lo que a mi respecta

En lo que a mi respecta, la gente que me rodea esta parada sobre hielo delgado.

Hay días en que en que la capa resiste increíblemente, y otros en que es tan delgada que un solo paso la resquebraja. Las personas ni siquiera se dan cuenta de ello, supongo que debería colgarme un letrero del cuello advirtiendo sobre ello, pero no me interesa, no me importa.

Hace muchos años conocí el amor, el verdadero amor, lo viví plenamente. Y en el transcurso, deje de hacer y cambie muchas cosas de mí. O mas bien oculte, forcé y restringí aspectos de mi carácter y forma de ser que de una forma u otra se perdieron o cambiaron en el inter.

También conocí la amistad, la amistad sincera y desinteresada, muchas veces me quite la camisa por mi amigo y otras tantas, de igual manera, hice cosas o adopte actitudes que no formaban parte de mi naturaleza por diversas razones y fines.

Al final, me quede con las manos vacías.

Es por eso que ahora, después de años de limitarme para obtener resultados nulos, me he negado rotundamente a volver a dejar de hacer, decir o provocar algo que desee. No importa si al hacerlo pierdo de nuevo, eso es inevitable.

Si de todas maneras voy a caer, será con una sonrisa malsana en la boca y la tranquilidad de haberlo hecho según mis términos y condiciones. No caeré de nuevo arrepintiéndome por lo que deje de hacer.

Yo no exijo, solo pido. No obligo, me limito a sugerir. Incluso, haciendo honor a mi apreciadísimo cinismo, suelo decir: "Es opcional". Y así es, dejo que las personas decidan, escojan; están en su derecho. De igual manera, yo estoy en mi derecho de no mover un dedo para ayudarlas cuando el hielo bajo sus pies ceda.

Jamás volveré a pedir disculpas por ser lo que soy; si esto significa que seguiré atascado en la espiral descendente cuyo único fin posible es obvio, adelante, el precio lo vale. El salvaje y destructivo placer que siento al cortar la cuerda de seguridad es todo lo que necesito.

Una persona puede sobrevivir cuatro minutos en agua helada. Si no sale de ahí antes de ese tiempo, no saldrá jamás.

He visto demasiada gente romper esa pequeña capa de hielo.

Y así, sin mas

Y así, sin mas, uno dice las cosas que siempre pensó, pero jamás imagino decir hasta el momento mismo que salen de la boca, rompiendo los dientes porque son tan enormes que de aguantarlas ahí se volvería uno prognata.

Y luego, las cosas se ponen borrosas. Uno asimila en dos segundos lo que deberia costar media vida, y cuesta trabajo creer que es tan -aparentemente- facil hacerlo.

Pero no se crean lo que digo; la simplicidad de algo tan complicado solo se logra partiendose el lomo y dejando pedazos de uno en el camino; camino que, como dijo no se quien, esta lleno de baches que solo se vuelven obvios despues de que uno se cayo en ellos.

A veces me gustaria tener un pequeño cronoscopio -aparato sumamente util e inverosimil- para mirar ese momento pasado en el que nos convertimos en lo que somos, y mas especificamente, para mirar la cara que encajamos en ese momento, tan solo para guardarlo en kodakcolor. Una bonita imagen panorámica desde el precipicio.

Si todo fuera tan facil.

Pero, por otro lado, ¿No somos todos la suma de nuestros pedazos?

Ojala algún día los encuentre todos, para rehacerme a mi imagen y semejanza.

Días como hoy no me gustan

Hoy tuve que ir a Liverpool. No lo pensé y no me pego hasta que estuve ahí. Cuando pase frente a la sala -aquella sala de gamuza- se me hizo un nudo en el estomago. Hice lo que fui a hacer y luego trate de salir lo mas rápido que pude, y al hacerlo pase frente a Nutrisa, en donde venden los helados de yogur. Se me hizo un nudo en la garganta y tuve que apretar los puños. Pague el boleto del estacionamiento y me fui. Me iba mordiendo los labios, aguantando.

Son días como este cuando es más difícil. Cuando mas recuerdo.

Son días como el sábado pasado, que me dieron las 7 de la mañana sin poder dormir. A tres pensamientos de un ataque de ansiedad. Es difícil.

No he vuelto a usar los lentes. No puedo. Simplemente no puedo mirarme al espejo con ellos puestos, porque recuerdo. He evitado hacer muchas cosas, algunas conciente y otras inconscientemente. Pero es difícil.

Son días como este en los que solo quiero llegar a mi casa y dormir. Pero no puedo. Y no por aquellas razones. No. Y no se si eso sea peor, pero en cuanto recuesto la cabeza, recuerdo. Recuerdo y tengo que respirar profundo hasta que pasa.

Son días como este, los días difíciles, tristes, que duelen. Son estos días en los que tengo que respirar profundo para no quebrarme. Son estos días, los dias en los que sinto saudades de você


supongo

Y mil posts después sigo sin saber escribir. Y no me estoy azotando, claro que se escribir y teclear un párrafo con algo de coherencia, pero eso es todo. No doy para mas. No tengo idea de la construcción gramatical, de la sintaxis, de cacofonías y tropos helicoidales. Mi uso de la puntuación es tremendamente limitado y mi ortografía se medio salva solo porque de tanto leer, recuerdo visualmente las palabras, o sea, no es que me sepa las reglas, no, simplemente, veo una palabra y si no me gusta como se ve, se que esta mal y luego la imagen mental me dice como debe escribirse.

Supongo que eso tiene mucho que ver con el hecho de que la gente siempre malinterprete lo que escribo; lo he dicho hasta el cansancio: una cosa es leerme y otra totalmente diferente es escucharme decir lo mismo. El problema es que al escribir justo como hablo -y al perderse el tono en este medio-, mucho del sentido también se pierde. Gente a la que le cagaba la madre cuando me leía, al conocerme se dan cuenta de que una cosa poco tiene que ver con la otra.

En fin, revisando el panel de control me doy cuenta no es poca cosa ponerse a escribir tonterias mil veces y luego publicarlas. No se si esto sea bueno o malo, probablemente solo hable de mi inexistente control de calidad o mi desfachatez al creer que toda palabra que escribo es digna de ser publicada.

Me inclino por la segunda opción, porque, aceptémoslo, ustedes escriben mas culero que yo y nadie se los impide, ¿Verdad? 


Lentamente

Ahora que el poder ha desaparecido, ¿quién soy? ¿Cómo me defino a mí mismo ahora? He perdido un aspecto especial de mi persona, mi poder, mi herida, la razón de mi aislamiento. Todo lo que me queda ahora es el recuerdo de haber sido distinto. Las cicatrices. ¿Qué se supone que debo hacer ahora? Ahora que la diferencia no existe y sigo estando aquí, ¿cómo me relaciono con la humanidad? El murió. Yo sigo viviendo. ¡Qué cosa tan extraña me has hecho, Dios! Espero que comprendas que no me estoy quejando, me limito a hacer preguntas, con un tono de voz tranquilo y razonable. Estoy tratando de comprender la naturaleza de la justicia divina. Creo que el viejo arpista de Goethe estaba en lo cierto con respecto a ti, Dios. Nos has conducido a la vida, has dejado que el pobre hombre cayera en el pecado, y luego le has abandonado en su desgracia. Porque todo pecado es vengado en la Tierra. Es una queja razonable. Tú tienes el sumo poder, Dios, pero te niegas a tener la suma responsabilidad. ¿Eso es justo? Creo que yo también tengo una queja razonable. Si hay justicia, ¿por qué tantas cosas de la vida parecen injustas? Si realmente estás de nuestro lado, Dios, ¿por qué nos entregas una vida de dolor? ¿Dónde está la justicia para la criatura que nace sin ojos? ¿La que nace con dos cabezas? ¿La que nace con un poder que se suponía que no debían tener los hombres? Sólo estoy preguntando, Dios. Acepto tu mandato, créeme, me inclino ante tu voluntad, porque da lo mismo: (después de todo, ¿qué alternativa tengo?) pero, aun así, tengo derecho a preguntar, ¿no es así?

Oye, ¿Dios? ¿Dios? ¿Me estás escuchando, Dios?

Creo que no. Creo que te importa un bledo. Dios, creo que me has estado tomando el pelo.

Dos años han pasado y aun a veces trato de definirme después de aquello, de perder todo aquello. ¿Qué quedó de mí? ¿Qué quedó de lo que fui? Sí, recuerdo haber sido distinto. Recuerdo la diferencia. Y no me sirve de mucho.

Desde entonces, cada cierto tiempo me repetía lo mismo: Basta, fue suficiente. No más. Pero aún así al final me decía: Está bien, una vez más.

Pero en el fondo –lo sé, creo que siempre lo he sabido- no sirve de nada; el daño está hecho. Soy funcional, pero ya no funciono.

Que así sea.

Ahora hay un gran silencio.

Afuera el mundo es blanco, adentro gris. Lo acepto. Pienso que la vida será más apacible. El silencio se convertirá en mi lengua materna. Habrá descubrimientos y revelaciones, pero ningún trastorno. Es posible que más adelante el mundo vuelva a tener algo de color para mí.

TODO ESTA BIEN.

Nunca, nunca me ha gustado utilizar el concepto de “ciclos” en mi vida. Tal vez porque siempre me he considerado como una persona bastante estable y que al final de cuentas, lo que cambia son las dinámicas a mi alrededor mientras yo sigo siendo el mismo (sí, en muchas cosas he evolucionado, mejorado y empeorado, pero básicamente, sigo siendo el mismo chamaco que era a los dieciséis años)

Aun así, en este momento, mis alrededores (por llamarlo de alguna manera) han cambiado muchísimo, tal vez no en lo aparente, pero sí en lo importante. Atrás quedaron aquellas noches de pesadilla y aquel hueco en el esternón. Atrás quedo el stand by y la indiferencia. Aún me falta dejar atrás algunas pocas cosas: la deslealtad de alguien que era muy cercano a mí (de las pocas cosas que me encabronan); las deudas emocionales y algunos pocos fantasmas que apenas y se asoman durante ciertas noches. Todo eso se esta cerrando y hoy, como diría Arturo Meza, sólo veo una ventana sin paredes, whatever that means.

Hoy son días de luz, días de canciones de trova, de viajes esporádicos y de cervezas en el comalli´s, de comidas extrañas. 

Días y noches de cosas que, aun con mi kilometraje, jamás había vivido.
Todo ello no deja de sorprenderme y sobre todo, de dibujarme esta sonrisa en el rostro.

Lo más curioso de todo es que, a diferencia de otras épocas de mi vida, no tengo necesidad de hablar mucho sobre ello. Es extraño, pero supongo que cuando todo se siente en su lugar, no hay mucho que explicar.


Estoy agotado. Física y mentalmente estoy agotado.

Me siento como Raymond Davis, el protagonista de “La Larga Marcha” de Stephen King, caminando, siempre caminando sin detenerse, por días, por meses, por años. Siempre hacia adelante, pensando, sin pensar, un paso más.

Dormir, trabajar, gimnasio, cansancio. Una repetición más, un poco de peso más.

Dormir, trabajar, pensar, cansancio. Un pensamiento menos, un poco de peso menos.

Para permanecer en el mismo lugar, hay que avanzar mucho. Aunque al final sólo haya una sombra, o nada. No importa, adelante, un paso más, un pensamiento menos.

Adelante. No hay final, nunca lo hay, sólo una sombra a lo lejos, ya llegaré.


Hace un par de días entre gimnasio, una nueva meta a unos meses. Tengo una nueva meta en mi trabajo, también para dentro de unos meses.

Construyo un nuevo futuro, uno muy diferente al que nunca había imaginado.

Me deconstruyo para reconstruirme paso a paso. 

Desecho las partes de mí que ya no sirven y alimento las que me hacen más fuerte, las que me hacen avanzar; porque soy imparable, soy indestructible.

Pero entre todos mis nuevos planes personales, un viejo deseo persiste.

Redención.

Tan cerca y tan lejos.

Nunca he creído en señales y no empezaré ahora.


Hoy estás aquí conmigo.


Aunque no estés.


Aunque nunca vuelvas a estar


SOLO UN SUEÑO SOLO ESO....

Soñé contigo, cosa que no pasaba hace muchísimo tiempo.

Estábamos en una cama, tratando de dormir después de una fiesta. Como suele pasar en los sueños, estábamos ahí sin explicación. Yo miraba el techo sin hacer conversación para no volver aún más incómodo el momento. Supe que me quedé dormido y tú también (a dream within a dream). Desperté y te encontré recargada en mi pecho, respirando suavemente. No quise moverme para no despertarte, pero, como si me escucharas pensar, abriste los ojos y miraste directamente a los míos. Y sin decir nada, me besaste. Fue el beso más largo que jamás nos dimos.

El sueño saltó sin transición. Estábamos en un sauna, tu recostada de espaldas sobre mis piernas, la toalla cayéndote hasta la cadera. Y esto lo recuerdo bien (en cuanto desperté, escribí todo lo que pude sobre el sueño, mientras aún lo tenía fresco en la memoria): en tu espalda, dibujados perfectamente, estaban esos tres lunares, ese pequeño cinturón de Orión en el que no pensaba desde hace años.

Un nuevo salto: Un departamento cliché, platicando sobre todo y nada. Televisión al fondo, un libro en mi mano entrecerrado a media lectura. Tú preocupada por algo, yo levantándome y abrazándote diciendo palabras que no recuerdo, tu sonrisa, tímida al principio, franca y abierta al final.

Último salto. Caminando por la calle, tomados de la mano. Ibas a trabajar y te acompañaba a tu auto, estacionado a lo lejos sobre una calle llena de hojas secas. Usabas un saco que te quedaba enorme y acomodabas tu cabello corto. Parecías un niño vestido de adulto y te lo dije, reíste y tu cabello comenzó a crecer y crecer y tus ojos a iluminarse. Retiré los mechones que cubrían tus ojos y miré tu rostro resplandeciente. Eras hermosa.

Me alejé y mientras abrías la puerta de tu auto, te dije algo, no sé que fue, pero recuerdo la sensación y tranquilidad al decirlo. Me pediste que esperara y caminaste hacía mí. Me tomaste de la cara y mirándome a los ojos, me diste un beso, luego te alejaste sonriendo.

Eso fue todo, no recuerdo nada más. Por lo general, después de este tipo de sueños, el despertar suele ser agridulce por el choque repentino con la realidad. En este caso no fue así, simplemente sonreí tranquilo y agradecido. Volví a dormir y soñé sin recordar nada.