Mi vida bonita


Ayer fue noche de concierto, se presentó Alfredo Tello.

Antes de cantar una canción "mi vida bonita" di una explicación que en lo personal me dejo marcado. Si no saben el significado de la canción vayan a sus conciertos y pregúntenle personalmente.

Hace un año aproximadamente, después de largas platicas internas conmigo mismo, acepte en realizarme un estudio para ver si podía tener hijos.

Recuerdo el día que asistí a la cita en el laboratorio, mi cara pálida al leer el resultado, siendo este: NO PUEDO TENER HIJOS.

Recuerdo que lo único que pude hacer fue mandar un mensaje y la negativa del contenido hundió más esa daga.

Mi ex pareja y yo, llegamos al punto de nuestra relación en la que ambos deseábamos tener un hijo.

Siempre le decía que se llamaría Ángel Goku, siempre bromeaba con ello, le pedía que si llegaba a pasar me diera una sorpresa, que fuera especial.

Créanme deseaba ser padre, la emoción, la alegría, todas esas emociones que embargan a millones de hombres en la actualidad.

Dicen que si visualizas y piensas en algo se cumple, en mi caso nunca se cumplió.

Llore como niño ese día, me encerré en mi cuarto, y me decía a mí mismo por qué yo? por qué no puedo tener hijos? por qué la vida es tan injusta conmigo?

Ese sentimiento  de impotencia, de entender que nunca sentiría esa emoción de ser padre se te vaya en un instante, no se la recomiendo a nadie.

Recuerdo que muchas veces me sorprendía tocándole el vientre, creo que inconscientemente lo hacía, y ella reía, y otra veces me decía "lo lograremos" y yo de :)

Pero dejen decirles lectores que no hay mayor emoción de  un ser humano de 6 años te abrace, te diga que te quiere, que te pida ir a un festival, que te diga "PAPA".

Esta princesa llego a mi vida junto con la que era mi pareja hace 3 años, fue con ella que aprendí nuevas emociones, sensaciones, una vida, una familia.

Los mejores años de mi vida, los compartí con ellas.

(Hago un viaje mental en mis recuerdos, esos mismos que bloquee para no seguir haciéndome daño)
El último día que la vi, que la abrace, que le dije adiós, que la quería con toda mi alma, y que sin duda alguna la sigo queriendo y recordando.

El punto de este escrito, si tienen la oportunidad de ser padres, vivan cada momento, rían, bailen, canten, escriban, dibujen.

Díganle a su pareja, que la aman, que es perfecta, que es el amor de su vida, admiren su cuerpo, cada detalle, cada parte, 


En caso contrario que no puedan por favor no se amarguen... no sean como yo...


P.D. ME ENCANTAS

(Momento de regresar a la realidad y dejar los recuerdos en ese cajón del olvido)




no su rostro.

Fue hace muchos años. La había conocido hacía poco y después de mucho trabajo de auto convencimiento, me animé y un viernes la invité a un pequeño café dentro de una vieja casona. Las mesas eran de madera y estaban en penumbra, sólo eran iluminadas por una pequeña vela en dentro de un vaso de cristal de colores. Al fondo, un tipo rasgaba suavemente una guitarra. El mesero nos sugirió unos cuantos vinos, pero yo no tenía idea si ella tomaba o no, así que mejor pedí la carta y le enumeré los platillos para que escogiera algo. Ella decía que no a todo y al final sólo pidió un café. Yo no supe que hacer y también ordene uno, aunque no acostumbraba tomarlo. Mis planes para una cena romántica se fueron al carajo en ese momento. Toda la noche intente acercarme, pero no pude hacerlo; físicamente ella estaba ahí, pero emocionalmente estaba lejísimos. Ahí sentado, sin saber que decir o que hacer para lograr conectar, nunca solté la carta del menú. Le di vueltas en mis manos toda la noche y la releí docenas de veces mientras intentaba alcanzar a una persona que nunca había estado a mi alcance. La noche terminó en solitario.



Hasta la fecha, recuerdo casi todos los platillos y bebidas del menú de aquel pequeño café metido en una vieja casona; de ella recuerdo su nombre, pero no su rostro.

El restaurante

Después de una opípara cena el mesero le ofreció al comensal el café de la casa.

- ¿En qué consiste? - preguntó el comensal.

- Le traemos a su mesa un alambique portátil. En un recipiente colocamos anis, vodka y agua y los ponemos a calentar. Cuando hierve, el líquido viaja por el serpentín hasta el otro recipiente donde se junta con una mezcla de café, canela y cianuro. En unos segundos queda listo para servirse usando una espita. Le sugiero que no lo arruine pidiendo azúcar.

El comensal reflexionó que después de lo comido y vivido el café con cianuro era una excelente idea. Solo tenía una inquietud.

- ¿Sufre uno mucho?

- En absoluto - dijo el mesero. - Todos nuestros clientes tienen un paro cardiaco entre la segunda y tercera taza que se sirven y caen fulminados instantáneamente.

- Bien, tráigamelo - dijo el comensal.

El mesero regresó un rato más tarde con una bandeja, preparó el alambique y encendió un mechero que pronto hizo burbujear al líquido. Mientras las gotas del vapor condensado opacaban el serpentín, el mesero presentó al comensal la cuenta.

- Comprenderá ud caballero que cobremos de antemano.

- Por supuesto - dijo el comensal mientras sacaba la cartera.

Más tarde, mientras el comensal probaba una segunda taza, se llevó una mano al pecho, lanzó un estertor y cayó sobre la mesa. Los ocupantes de las otras mesas fingieron no verlo y continuaron comiendo o platicando.

El mesero se apresuró a limpiar la mesa y a llevar el cadáver a un depósito para el efecto. Cuando regresó a su puesto, el maître había llevado a la mesa a dos nonagenarios. De acuerdo a su experiencia, el mesero supuso que cada uno vívia temeroso de que su pareja se muriera primero y lo dejara solo.

El mesero les presentó la carta, recitándoles el lema del restaurante: para la hora del café sus problemas estarían resueltos.

#Recolectivo

punto final.

Ya llegó, ya llegó…es el Fin, al final, es el Fin, nuestra Muerte. Eskorbuto

Anticipo el final, dispongo mi ánimo para el cataclismo mientras aguardo a que acaben de abrirse las puertas del Infierno. La oscuridad es tempranera y los fantasmas salen a la superficie. Camino por el hielo como los personajes de Profundidades. Abajo aguarda el abismo, los monstruos dormidos, nuestro Apocalipsis de cada tarde.

(Aquí arriban muchas esperanzas y se acaban por disolver, aquí todo es efímero, desechable y lo peor es que no se recicla, ni siquiera se biodegrada, se queda ahí, contaminando la tierra, chupando sangre como una garrapata, negándose a dejar de existir, depredando cuanto se mueve a su alrededor).

Por ahora estoy feliz. Mi felicidad es una niña en patines de hielo deslizándose a toda velocidad por una delgada superficie a punto de romperse. Bajo el hielo hay un abismo sin fondo poblado de monstruos (ahí debe habitar el monstruo de la taza del baño por cierto) Pero en este momento la niña está patinando como si nada. Si la capa de hielo es gruesa o está a punto de derretirse es cosa que le tiene sin cuidado. Hoy estoy patinando, mañana quién sabe. No hay que buscarle muchos misterios donde no los hay.

Como el asesino vuelve siempre a la escena del crimen y el salmón a contracorriente retorna a desovar al estanque de origen, uno siempre acaba por volver a ese abrevadero inacabable de letras desparramadas.

En el efímero texto de la vida, redactamos con exceso de comas, puntos suspensivos, a veces punto y seguido. Muy de vez en cuando colocamos ese punto y aparte que pone fin al párrafo e inicia otro. El punto final, en cambio, es un signo inutilizado. Rara, muy rara vez ponemos punto final.


cabeza ajena

Hasta los 16 años pensé que a los 24 estaría casado y tendría dos hijos. No es que yo así lo quisiera, sino que era lo que leía que todos respondían en los chismógrafos. 
Pensaba que ésa era la norma, por lo tanto, tenía que seguirla, aunque me causara repulsión o sintiera lo contrario.  ni estoy casado ni tengo hijos.

No ahondaré mucho en esta cuestión ni en por qué ese recuerdo del chismógrafo me hizo reflexiona,; no porque no quiera ahondar

Sólo diré que, si dos cosas he aprendido hasta hoy, son éstas: Sí se aprende en cabeza ajena y la ociosidad no es la madre de todos los vicios. 

Parte de la sabiduría personal es aprender en cabeza ajena. Quien te diga lo contrario es un imbécil. No seas ese imbécil que se rociará de gasolina y se prenderá fuego después de escuchar el testimonio de un quemado que se roció gasolina y se prendió fuego. Aprende en cabeza ajena. Aprende de esos imbéciles que dicen una cosa cuando ya hicieron lo contrario.

La ociosidad no es la madre de todos los vicios, sino de todas las virtudes. El ocio es tiempo libre para dedicárselo a uno mismo. Es tiempo para cosechar virtudes. Para pensar. No quieren que pienses. No quieren que sientas. No quieren que tengas tiempo libre. Tenlo. Trabaja sólo para eso: para tener ocio. Si la ociosidad te lleva a los vicios es porque no eres quien quieres ser ni haces lo que quieres hacer, y estás escapando de ti mismo: no quieres encontrarte ni conocerte.


frustrado, amargado e infeliz...

Posiblemente ésta sea la decisión más difícil que he tomado en mi vida, y espero no tener que tomar decisiones así el resto de ella. No soy del tipo de personas "aventadas", de ésas a las que les gusta tomar riesgos. Cuando tomo riesgos me siento como el policía de las películas que no sabe qué cable cortar para que la bomba no explote: el cable azul o el cable rojo. Pero después de algunos meses –o quizás años- de darle muchas vueltas en mi cabeza a una misma idea, me doy cuenta que simplemente no estoy siendo coherente conmigo mismo, y parte de esa deshonestidad me tiene frustrado, amargado e infeliz –podrán notarlo en la mayoría de mis escritos, jejeje-, a pesar de tener cosas tan buenas y gente tan valiosa a mi alrededor.

Tomé la decisión de irme a vivir fuera de México.

Ya no puedo seguir viviendo aquí. Si me quedo, sentiré a diario esa incongruencia con mi filosofía de vida, con mi visión del mundo, con la ciudad en la que me gustaría vivir y la gente de la que me gustaría estar rodeado.

Ya me pesa levantarme de la cama, trabajar, me pesa lo doble. No me veo futuro ni le veo futuro a esta ciudad; no el futuro que yo busco. Así vuelva a ser la ciudad que algún día fue, tarde o temprano volverán los mismos problemas, pues es precisamente nuestro pasado lo que nos tiene en este horrible presente. Es un círculo vicioso. Un eterno retorno. Es escarbar en el mismo pozo al que se le están viniendo las paredes abajo.

Disculparán si ya no posteo tan seguido como antes, pero ando arreglando papelería, haciendo trámites  para irme lo antes posible.  ..


EL AMOR ES COMO EL OLOR DEL INCIENSO,

EL AMOR ES COMO EL OLOR DEL INCIENSO,
QUE AL OLERLO SE SIENTE ALGO INMENSO,
QUE HACE QUE TU VIDA SEA PURA Y BELLA
COMO SI PALPITRA TU DIVINA ESTRELLA.



EL AMOR LO CURA TODO
PERO HAY ALGUNOS QUE LO ENSUCIAN CON LODO.
EL AMOR ES HALAGO ES DULCURA Y ES DELICIA,
PERO DESPUES SE CONVIERTE EN UNA ILUCION FRIA E INDECISA.

PUES UNA TRAICION ES EL ACTO MAS COBARDE
QUE ACABA CON LA ILUCION Y TODO PARECE UN FRAUDE.


LAS CULPABLES NO SON LAS PALABRAS SALIDAS DE UN POBRES MENTIRAS DE UN HOMBRE QUE SE HUNDIA EN SU MUNDO DE ESTUPIDAS HIPOCRECIAS AUNQUE ESTA ES UNA PÓESIA FRIA, SOMBRIA Y ALGO VACIA PUES NO TIENE DEVOCION MI ESTUPIDO CORAZON.


COMO LAS PALABRAS TE QUIERO TE AMO SON UNA BLASFEMIA PUES SON LAS MUJERES INOCENTES PUERAS Y BELLAS LAS QUE SE CREEN TODO DE UN HOMBRE MENTIROSO.  


Me preocupa

Me preocupa que a mi edad nada me apasione. Es como ese cliché de no saber qué se quiere en la vida, pero elevado a la chingomil potencia. Será que “pasión” me parece una palabra muy grande. O tal vez a la palabra yo le quedo muy corto, snif.

Puedo mencionar cosas que disfruto mucho hacer –dibujar, escribir, cocinar, tomar fotos, leer, viajar, comer, amar-, pero acepto con algo de vergüenza que no puedo afirmar que me apasionen. Si algo me apasionara, no fuera tan tibio con mi actitud. Haría las cosas a pesar de las carencias, adversidades, recompensas o circunstancias, y no pararía de hacerlas.

A veces dibujo y a veces no. A veces escribo y a veces no. A veces quiero hacer cosas nuevas o materializar planes, pero de un día para otro se me quitan las ganas. En situaciones como éstas lo más fácil sería echarle la culpa a “las musas”, por no traerme inspiración; pero creo que lo más honroso es asumir mi incapacidad para apasionarme por algo. Podría también decir que de todo lo que me rodea no existe algo tan extraordinario como para que la semilla de la pasión germine en mí, pero sonaría estúpidamente arrogante. O como si estuviera muerto por dentro. 

Quiero pensar que la pasión es algo intermitente, como la felicidad y otros sentimientos. Pero no apasionarme ni con las cosas que me gustan me empina los ánimos. Me siento derrumbado por mí mismo. Es como darme un golpe a traición por la espalda; como si no me conociera y tuviera que sumergirme otra vez en lo más profundo de mis aguas para ver qué pedo conmigo. Es buscar otra vez el camino y hacerme las mismas preguntas que creí haberme respondido; encontrar las mismas respuestas o encontrar una nueva, contundente,  y no aceptarla: no aceptar el simple hecho de que nada de lo que hago me apasiona. 

Pudiera ser que creo conocerme y no me conozco del todo. Que todavía hay algunas capas gruesas en mi interior que no he logrado penetrar. O pudiera ser que me conozco y no me gusta lo que soy;  o que me conozco tan bien que sé cómo funciona todo, pues, al conocerme, sé de dónde vengo, de qué soy parte y hacia dónde voy, y por eso nada importa y todo pierde sentido y sin sentido no puede haber pasión. Conocer los rincones de uno mismo es saber que todo volverá al origen, el eterno retorno; el uróboros: la serpiente que se come su propia cola representando el esfuerzo inútil que marca el comienzo de otro ciclo a pesar de todo lo que hagamos por impedirlo o cambiarlo. La futilidad devora a la pasión, pero a mí me gustaría que la despertara.



Pero bueno… Espero que algo de todo lo que hago les sirva, a pesar de la ausencia de pasión con la que a veces hago las cosas que me gustan. Espero que encuentren entre líneas esa pasión que yo no veo en mí y que pudiera estar debajo de todas esas capas internas que me falta penetrar. Espero que escritos como éste inspiren al menos a alguien a no sentirse o ser como yo, que por el momento se declara incompetente para sentir pasión por algo. Espero encontrarla, obviamente; pero si ella me encuentra primero, qué mejor. Convertirme en la pasión ajena que despierte la propia y así dejar de pensar que es un sentimiento intermitente. 

A veces sueño con desconocidos.

A veces sueño con desconocidos.

Sé que algunos de ellos pudieran ser individuos que vi en algún lugar durante el día y no les puse mucha atención, y  que su imagen se me queda grabada en el subconsciente y brota mientras duermo

Pero también pudiera ser otra cosa: que sea en mis sueños donde veo por primera vez a esas personas.

Es fácil soñar más de una vez con alguien a quien conoces en vivo, pero volver a soñar con alguien que conociste en tus sueños es casi imposible. Por tal motivo ni siquiera nos tomamos la molestia de imaginar que pudiéramos coincidir en la vida real con alguien que sólo existe en sueños.

Yo quiero pensar distinto. Quiero pensar que cada que sueño con alguien que no conozco, existe. Que no es un invento mío. Que existe en algún lugar o tiempo remoto, pero existe.

Hace algunos meses soñé con una mujer de ojos grandes y cabellos negros. No volví a soñar con ella hasta hace poco. La reconocí en mi sueño, pero estoy seguro que nunca la he visto en la vida real. Apareció de repente en la copa de un árbol mientras me soñaba corriendo sobre las ramas entrelazadas de un bosque.  

Si ella existe quiero pensar que le ha pasado lo mismo: que de pronto tuvo un sueño donde apareció un extraño en el lugar más extraño y que, después de algún tiempo, volvió a soñar con él. Quiero pensar que mi sueño no fue mío, sino el sueño de ella, y viceversa.

Imagino que al despertar, después de soñarla, ella empieza a soñar donde yo me quedé. Imagino que se imagina que hubo alguien soñando lo mismo que ella y que ese extraño no existe nada más en su cabeza. Quiero imaginar que en el fondo siente que, así como coinciden en sueños, podrían coincidir fuera de ellos.

Últimamente

Últimamente me he soñado frente a una puerta de salida. Detrás de la puerta se escucha un murmullo. A veces es como un zumbido; como un televisor sin señal a todo volumen. Otras veces se escucha como si un grupo de personas discutiera en una fiesta.
La curiosidad me gana y me acerco despacio. Cuando estoy a pocos pasos para extender la mano, alcanzar la perilla y girarla, algo -o alguien- golpea la puerta por el otro lado. El golpe hace retumbar las paredes del pasillo, mi cabeza y la tubería que sale del techo se parte a la mitad. Entonces, despierto.

Nunca me ha interesado encontrarle un significado a mis sueños. Ni siquiera cuando alguno de ellos ha sido premonitorio, o algo parecido a eso. Siempre he creído que los sueños son el intermedio de la vida. O que la vida es el intermedio de los sueños. Ya ni sé. Lo que sí me gustaría es tener sueños más reales y una realidad que me dé menos sueño. 

Hablar de sueños a veces me entristece, por aquello de tener sueños que no se hacen realidad y realidades que nunca surgieron de sueños. Me entristece saber que muchos sueños se quedan en sueños y que la realidad se puede convertir muy fácil en pesadilla. 

Hoy que desperté recordé haber soñado otra vez con la puerta de salida que siempre alguien golpean por el otro lado. Me quité las sábanas de encima, me puse de pie y escuché al viento soplar con fuerza afuera de la ventana. Una ráfaga debió haberse colado por alguna abertura, pues la puerta del cuarto retumbó cuando mi mano estaba a unos centímetros de la perilla.

No sé si desperté o aún estoy soñando. Por mí está bien esa confusión, siempre y cuando ni el sueño ni la realidad se conviertan en pesadilla.

Hace muchos año

Hace muchos años lei -y he comprobado una y otra vez, sin fallo- que hay dos cosas que el hombre puede mirar por horas, absorto, hipnotizado; estas dos cosas son el fuego y el mar.

Y esto es debido a una especie de memoria genetica (no teniendo nada que ver con el concepto de "inconsciente colectivo" de Jung, que me produce urticaria) que nos hace retroceder hasta los albores de la vida misma.

Primero el mar, por que nosotros -la vida en su totalidad- provenimos del mar, de La Gran Sopa Quimica primigenia, en donde eones atras, las ciegas fuerzas de la naturaleza dieron como resultado algo que hasta la fecha sigue siendo tema de debate, ¿es la vida una rara excepcion o una consecuencia logica e inevitable?

Dejando tal ladrillo argumental a un lado, volvamos a la contemplacion absorta de la que hablaba en un principio. Mirar el vaiven del mar es perderse en recuerdos ancestrales, en imagenes, en sueños, incluso en miedos cervales, por algo H.P. Lovecraft tenia una fijacion enfermiza con el mar, como algo siniestro, maligno. Pero sin ir tan lejos, todos tenemos un temor respetuoso por el oceano, es algo instintivo, una relacion amor-odio, tal vez por que en el fondo deseamos y añoramos regresar a esa gran placenta que un dia -o millones de años- nos dio tibio cobijo, que nos alimento y un dia nos expulso -o nos fuimos caminando- de ella. Volver no a la Madre Tierra -como se dice comunmente- sino a la Madre Agua. Algo hay de inquietante en todas esas imagenes sobre terminar con nuestra vida adentrandonos en el mar; agua somos y en agua nos convertiremos.

Y el fuego, mirar por horas el crepitar de una fogata es recordar el amanecer de la humanidad, el inicio de la civilizacion, el comienzo del intelecto como el arma mas prodigiosa jamas desarrollada. Y es que al dominar el fuego, ya protegidos por fin de nuestros depredadores, hace millones de años, frente a una fogata, comenzo el hombre a pensar, a soñar, a crear. Ahi comenzo el camino que nos ha llevado -para bien o para mal- a donde estamos.

La proxima vez que miren la inmensidad melancolica y majestuosa del mar o el calido y tranqulilizante crepitar del fuego, preguntense donde estan y donde estaban milenios atras, es una leccion de humildad que todos deberiamos aprender. 

Ella tambien ha cambiado

Mucha gente aun no cree que despues de todo aquello, de tantos años, de tanto amor, ahora no quede nada, pero es verdad. Yo fui el mas sorprendido cuando me di cuenta, pero no puedo hacer nada, Paty tambien lo siente asi, y no deja de ser triste, triste por que nos queda una especie de culpa, de decepcion, una sensacion de perdida, pero sabemos que hicimos lo que pudimos (o no hicimos, pero que en ese momento parecia lo mas correcto). 

Alguien dijo alguna vez que jamas me ha vuelto a ver tan feliz como en aquella epoca, y es verdad, jamas lo he vuelto a ser y sinceramente no espero volver a serlo. Pero no me importa, como mencione alla atras, ya vivi lo que mucha gente jamas lograra, yo estuve ahi, nadie me lo podra quitar y eso me deja tranquilo. No necesito mas. 

Hace poco alguien mas dijo que soy increiblemente egoista, y es verdad. Pero yo le di catorce años de mi vida a alguien mas, todo mi ser deseaba hacer feliz a otra persona, y al hacerlo fui feliz. Creo que ahora puedo darme el lujo de ser todo lo egoista que quiera, ya cumpli con mi cuota karmica de empatia y lo demas no me importa.

Soy realista, no espero volver a encontrar el verdadero amor, alguna vez lo encontre, lo vivi, lo disfrute y eso es todo. El que haya terminado no le resta ni un gramo de su valor ni significa que en su momento no fuera la cosa mas cierta y sincera del universo. 

Se que es dificil de entender, pero yo si lo hago y es mas que suficiente. Se que seguramente habra mas amor por ahi, pero jamas a ese nivel, y estoy tan seguro de ello porque ese amor me cambio, y en el camino, perdi y gane muchas cosas que me impediran volver a ser lo que alguna vez fui.

Es por eso que le agradezco a Paty todo lo que vivimos, he dicho muchas veces que gracias a ella soy lo que soy, en todos los aspectos, y esto no es un reproche, al contrario; me gusta lo que soy, y todo se lo debo a ella..

Ella tambien ha cambiado, ya no es aquella Paty a la que yo amaba, ahora no es ni mejor ni peor persona que antes, es solo diferente, y eso es bueno, ella sabe a que me refiero. Los dos cambiamos, ahora somos amigos, o tan amigos como nos deja ser nuestro pasado. 


del cristal

A través del cristal de la ventana, el cielo era jalonado por púrpuras jirones nubaceos. A lo lejos, las montañas rompían violentamente el horizonte, dando dentelladas rojizas a un sol moribundo. Frías corrientes de aire se arremolinaban sobre los lejanos picos rocosos, dotando a la escena de una violencia silenciosa. David miraba con ojos entrecerrados el deprimente espectáculo.
— ¿A que te refieres? —Pregunto sin voltear.
—A lo que dije, no puedo hacerlo.
Florencia miraba a David, cuya silueta se recortaba contra la ventana, como una ilusión bidimensional, una oscuridad dotada de bordes luminosos. Sentada en un pequeño sillón, esperaba que sus palabras sonaran justo como quería que lo hicieran.
—He pensado fríamente las cosas y he decidido no hacerlo. Porque no es correcto, no debo. Tengo que ponerme en paz y poner en orden mis ideas. Pensar que las acciones que yo haga, pueden afectar a terceros.
David seguía mirando hacia el exterior. El sabia que este momento llegaría, su única duda era cuando seria. Su silencio le indico a Florencia que debía continuar.
—Probablemente me comprendas. —Dijo Florencia sin convicción. —Tal vez no que es lo más seguro pero eso ya está decidido. Te mentiría si te dijera que no estaba entusiasmada, pero abrí los ojos y no puedo estar por la vida comportándome a través de impulsos y mostrando mi grado más inmaduro, menos ahora. Tú me pides sinceridad y ahora mi más sincero deseo es enfocarme en mi futuro. Ya no puedo ir por la vida lastimando tanto a las personas que me han tratado bien y me quieren...No sé que más decirte.
David se giro lentamente con una mueca en el rostro. Quería decirle que entendía por que había tomado esa decisión, que él mas que nadie deseaba que hiciera lo correcto, aun cuando esto separara sus caminos irremediablemente. Hubiera querido decirle que aun después de todo, ella no había comprendido. Que no había entendido lo que el le ofrecía, que todo era inútil.
—Comprendo. —Se limito a responder.
Florencia lo miro con una expresión extraña. Era verdad que no entendía muy bien que movía a David, que lo hacia ser lo que era, pero estaba segura de una cosa.
—No quiero perderte. —Dijo de pronto.
David levanto la vista y la miro por un momento.
— ¿Que quieres decir?
—Eso justamente. No quiero que salgas de mi vida.
—El problema no es que yo salga de tu vida, sino que entre. —Respondió David lentamente. —En realidad ¿Que tanto nos conocemos? ¿Sabemos realmente que deseamos? ¿Que nos mueve? Yo se lo que soy, así como supongo que tu sabes lo que eres. Pero me extraña que no quieras perderme cuando ni siquiera sabes quien soy en realidad.
—Eso no significa que no quiera perderte. —Repitió Florencia.
David respiro profundamente. No sabía como explicar con palabras lo que en verdad sentía sin sonar condescendiente. Quería decirle a Florencia que no se preocupara, que realmente no se perderían jamás, por que jamás se habian tenido. Porque no se dieron el tiempo necesario para causarse esas fracturas emocionales que al pasar los años, una fría noche de recuerdos, nos duelen y nos hacen recordar a los que vengaron viejas heridas de amor en nosotros. Quería decirle que no se preocupara, que dentro de un par de años ella olvidaría esas pláticas, esa sensación. Que al final, olvidaría que algún día pensó en el. Quería decirle que dentro de otro par de años, el la olvidaría también, olvidando incluso que el pensó en ella días enteros.
Por eso David, después de respirar lentamente, dijo:
—No me perderás.
Florencia sonrió y se levanto. David se había vuelto de nuevo hacia la ventana, mirando la oscuridad violeta que lentamente teñía el cielo.
—Tal vez en otras circunstancias de mi vida, hubiera sido diferente. —Dijo Florencia a sus espaldas.
—Si, lo se. —Dijo David en un susurro.
Se giro de nuevo y vio a Florencia, detenida a la mitad de la estancia. La moribunda luminosidad que entraba resbalando por la ventana provocaba que sus facciones se difuminaran en una sombra violeta y profunda. Sus ojos eran dos puntos de luz que ahogaban la mirada de David. Su boca era invisible y David la imaginaba como la había imaginado tiempo atrás. Sabia que esa imagen de Florencia seria la ultima que olvidaría en su vida. O la primera.
Dio un paso hacia ella y luego, vacilante, otro. Ahora su propia sombra cubría por completo a Florencia. La luz se extinguía en un último relampagueo rojizo. Se detuvo a un paso de ella, su aroma lo envolvía, y con tristeza pensó que también eso lo olvidaría, porque nunca pudo impregnarse de ella, nunca tuvo oportunidad de arrancarle los poros y hacer con ellos una segunda piel para el.
—Tengo que irme. — Dijo por fin David.
Sin esperar a que ella respondiera, dio la vuelta y salio de la habitación.
Mientras caminaba por el pasillo, creyó escuchar pasos a sus espaldas. Cuando miro hacia atrás, vio que el corredor estaba vacío. Sonrió para si y salio a la calle.
Y ahí estaba ella, esperándolo de nuevo.
El la miro. Mientras encendía un cigarrillo, entorno la mirada y dijo hacia la nada:
— ¿Sabes? Me estoy cansando de esto.
Nadie le respondió.
La noche lo engullo una vez mas, como tantas otras veces.

El sueño...

Ayer tuve un sueño que me dejo claro que mis traumas y temores son constantes y perfectamente definidos.

El sueño no viene al caso, solo yo lo entiendo, lo importante es la sensacion que deja tras de si.

No es el hecho de perder algo, ni siquiera de la ofendida indignacion de aquel que siente invadido su jardin personal (gracias F. Pohl), mas bien es la decepcion de saber que la otra persona no desee solo lo que obtiene.

Por que en el sueño, mientras entreveia su cuerpo a traves de las capas de tela, no sentia nada, fue solo al ver su rostro, la satisfaccion que habia en el, que comprendi que ahi residian mis pedos, mis temores, mis anhelos.

No la conocia, no se quien era, pero no importa, su rostro representa todos los rostros, su cuerpo eran todos los cuerpos, los cuerpos de todas las mujeres; mis mujeres.

Por que aunque el filosofo negro ya lo expreso perfectamente, que ninguna mujer tiene dueño, pero uno le pertenece a otra persona en la justa medida en la que lo decida, tengo que recalcarlo; no son mias, pero lo fueron, lo fuimos.

Desperte con esa sensacion, esa sensacion que he sentido pocas veces, de perdida, de vacio, de dolor ante la indiferencia, de su indiferencia, de saberme innecesario, obsoleto, de darme la vuelta y caminar hacia ningun lugar, de saber que a mis espaldas solo queda la sombra de lo que nunca fue, y, lastimeramente, estar dispuesto a regresar corriendo ante la mas minima señal.

Pero ese pequeño dolor, esa punzada que recorre lentamente, pulsando, desde la boca del estomago hasta la cosa esa que tenemos -teniamos- detras del esternon, es la unica cosa que a veces hace que valga la pena estar en este circo que llamamos vida, sin el no seriamos mas que zombis, zombis felices sin duda, pero yo no preferiria esa opcion.

Asi que por favor, sal -salgan- de mis sueños, no las necesito ahi, ni siquiera se si las necesito aqui, no quiero enterarme -ni imaginarme, siendo este el caso- del momento en que decidiran dejar de pertenecerme, permitanme conservar la ilusion de que nunca dejaran de hacerlo, yo no lo mencionare jamas, sera nuestro secreto, sencillamente, dejemos que un pedazo de ustedes se quede aqui adentro, en mis tripas, no en mi cabeza, - y menos aun- en mis sueños. 


Así soy

-¿Que se supone que crees estar haciendo?
-Ya no me digas, ¿o de verdad quieres que te lo explique?
-No, gracias, aunque era una pregunta retorica, se muy bien (o creo) lo que estas haciendo, estas tratando de justificarte de nuevo.
-No, no es solo eso, claro que la justificacion es una de las razones mas grandes, pero en todo caso, siento que es mas una excusa...
-¿Y de cuando aca necesitas excusas?
-Desde el momento en que todo se me empezo a salir de las manos, no deberia extrañarte que yo, siendo quien digo ser, tuviera todo bajo control
-A mi no me salgas con esas mamadas, todo eso del "control" y demas pendejadas se las podran tragar otros, yo no. ¿Por que sencillamente no lo dices tal como es?
-Por que tal como es, es ininteligible, al menos eso creo, no puedo sencillamente sentarme y decir "es algo que tengo que hacer"
-¿Y por que no? ¿que acaso no es verdad? no se por que te encanta azotarte aduciendo esa tan cacareada malinterpretacion, cuando en realidad solo tienes que decir las cosas tal y como son.
-Me estoy ablandando, lo sabes.
-¿Y eso que? deberias por una vez de dejar de subestimar a las personas, no son tan idiotas como crees, incluso -en el fondo lo sabes- son mas inteligentes que tu, o por lo menos tienen mas huevos.
-Ja, ¿vas a hablarme de huevos tu? tu que no haces mas que agarrarte de clavos ardientes para solapar tus pinches necesidades baratas?
-Momento, no estamos hablando de eso, no te salgas por la tangente, ¿que te impide decir "entiende, asi son las cosas"?
-No lo se muy bien, supongo que miedo, ¿que otra cosa va a ser? miedo a volver a lo mismo, a quedarme o ha hacer lo que no quiero solo por cubrirme las espaldas, si, se que tratar de explicar que hace años siento que eso es una de las pocas cosas que me faltan por hacer, que secretamente, muchas veces he deseado volver a empezar de cero, tan solo para buscar esa viviencia, ese sentir, esas decepciones, todos esos pinches cliches de mala pelicula, ridiculas burbujas rosas que me hagan sentir por un momento que no me perdi de gran cosa todos esos años, que es solo eso, y que una vez logrado, volver, ahora si, al camino que tome cuando tenia 12 años.
-¿Lo ves? no es tan dificil, suena ridiculo, pero no complicado.
-Claro, lo complicado viene despues, ¿que hago si no lo entienden? ese es el problema; no hacerlo -eso es tirarme de cabeza, y no importa- el pedo es si quedara algo despues ahi.
-¿Algo o alguien?
-Sabes a que me refiero, me gustaria tener esa seguridad, pero es imposible, de todos modos no haria nada para detenerlo
-¿No hagas nada que no quisieras que te hicieran a ti?
-No, esa pinche frasecita nunca me ha entrado, ¿sabes? no se por que, pero siempre me ha incomodado, no esta bien, en todo caso, segun yo, seria mas correcto decir "No hagas por mi lo que yo no haria por ti"...
-Ja! que chingon eres, de nuevo con tus salidas faciles, no comprometiendote a nada...
-¿Seria mas justo de otra manera?
-No estamos hablando de justicia, sino de lo cobarde que puedes ser cabron, ¿de que chingados te andas cuidando? ¿que de malo tiene que alguien haga algo por ti a sabiendas de que no va a recibir nada? ¿no es eso la verdadera entrega? no mames.
-Lo se carajo, pero aun asi no puedo dejar de sentirme culpable, no puedo sacarme esa pinche sensacion de "deuda", de retribucion, de puta lealtad chingao.
-Como si eso fuera a cambiar las cosas, no te hagas pendejo, a la primera oportunidad vas a empezar a vertir tu frustracion sobre la otra persona, reclamandole en silencio lo que nunca te pidio que hicieras, y eso cabron, es una porqueria.
-Que uno no pida las cosas no significa que pueda desentenderse de ellas, me caga sentirme asi, autopresionado.
-Eres un pinche paranoico, eso es lo que eres, un paranoico mamon y fantoche.
-Callate, no es paranoia, ¿no es obvio que ya no estara ahi al final?
-Puede ser, ¿pero eso te hara cambiar de parecer?
-No, y ese es el problema, si lo hago, es malo, pero si no lo hago, sera peor, y si lo hago, por lo menos me quedara alguna probablididad, o eso creo.
-Tu no crees eso, en verdad lo que quieres es justificar algo completamente comprensible -si, te otorgo ese beneficio putin- y hacer una pinche tormenta en un vaso de agua, esperando que te comprendan y te autorizen a ser tu mismo, a hacer lo que tienes que hacer de todos modos, tal vez no ahora, tal vez nunca, pero eres tan cobarde que quieres tener ese comodin reservado, como una salida facil, no eres mas que un pinche putete pusilanime...
-Ya cabron, no tengo por que estar aguantandote
-Claro que tienes, ademas, en el fondo sabes que tenemos razon.
-Chinga tu madre.
-Si.


A veces ni yo soporto hablar conmigo mismo.  

Jamás

Jamás me han incomodado los silencios largos, sin embargo, lo rompiste.

-Siempre tienes la mirada perdida… Quién sabe en dónde…. Y no es reproche, te lo juro; nada más quisiera que algún día me dijeras en qué estás pensando… que algún día pudieras llevarme ahí… donde estás tan a gusto sin nadie… sin mí.

Recuperé el sentido. Tus palabras me jalaron y metieron de golpe en la realidad de aquella noche serena. Te abracé.

Y sí, lo acepto: andaba vagando por ahí. Remando en un pantano de Oaxaca. Dormido en el vagón de un tren que cruza la sierra nevada de Chihuahua. Caminando descalzo por una playa limpia y llena de conchas. Arrastrando maletas en un hostal con pasillos a media luz en Brujas. En el elevador de la torre Eiffel. En un callejón empedrado con bicicletas por todos lados en Ámsterdam. Haciéndome entender con un nigeriano en un andén de trenes en Londres. Descifrando el mapa de un zoológico para encontrar la jaula de los leopardos de las nieves. En un avión de regreso con barba de 15 días y los bolsillos vacíos. Cenando en los tacos más ricos y más baratos del mundo. Perdido en el fondo de una cacerola con agua hirviendo y pasta. En un juego de Scrabble. En una mesa puesta para cenar, con galletas saladas, atún con chile, tomate y cebolla y vino espumoso de ése que a nadie le gusta.

-Por favor no vuelvas a decirme que estoy en un lugar tan a gusto sin ti –respondí.  

los hoteles.

Desde niño me han gustado los hoteles.

Tengo vívidos recuerdos de muchos de ellos. Imágenes indelebles de lugares remotos en tiempo y distancia.

Recuerdo aquel hotelito en Palenque, un edificio bajo y compacto, de dos plantas solamente. Todos los cuartos tenían una terraza que daba a un jardín trasero, que a su vez estaba cercado por una enorme barda de piedra negra, cubierta por una frondosa y asfixiante enredadera. Cientos de mariposas tapizaban el aire, yo corría tras ellas con una red improvisada. Cuando tenía llena la red, la abría y metía las manos mientras escapaban. Luego miraba fascinado mis dedos cubiertos de polvo brillante.

Luego esta aquel hotel de Acapulco, que contaba con una cocineta. Mis infantiles ojos consideraban maravilloso el tener una estufita en una habitación de hotel, así como un refrigerador. Mi hermana y yo despertábamos temprano sólo para poder desayunar huevos con jamón sentados en la mesita que daba al balcón, viendo el mar a lo lejos. En la alberca de ese hotel casi me ahogo. Nadaba frente al tobogán cuando un niño salió disparado de el, golpeándome con los pies en las costillas. Me sacó el aire y yo manoteé hasta que pude llegar a la orilla, nadie se dio cuenta y yo no dije nada, no sé porque, pero me avergonzaba el hecho de casi haberme ahogado.

Está también el hotelito de San Miguel de Allende, en el que, siendo ya no tan niño, aún podía sentir y creer en el amor como algo real y eterno. Las sillas de herrería, la alberca con agua helada y los farolitos de la terraza me vieron de una forma que ahora se me antoja irreal.

Aún ahora me sorprende descubrir la misma sensación de novedad, de inocente expectativa al quedarme en un hotel desconocido. Es el entrar, observar la disposición de los muebles, el baño, las ventanas. Pequeños detalles que —al igual que cuando era un niño— tienen para mí un aura de efímera pertenencia.

Y al igual que en los días de mi infancia, cada hotel me sigue pareciendo una promesa de una noche y un amanecer distintos. Porque en todos y en cada unos de ellos, he dejado pedazos de mí, o mas bien, pedazos de lo que fuí. Supongo que lo que más dejé olvidado por ahí fue la inocencia; tal vez mi cinismo no sería tan grande si alguna vez hubiera puesto más atención al letrero de "¿Olvida usted algo?".

Ahora que lo pienso, creo que hay otra razón del porque me atraen tanto los hoteles. Pero eso es asunto mío.