Para que llegue enero y no me muera de frío,

 A veces me escondo detrás de mi mismo para perderme de vista

y que paradoja por que al final consigo no verme. 

De verdad que me voy y aquí me dejo,
que estoy tan loco que la cordura me ha hecho presa de mí mismo.

Aunque de vez en cuando salgo a olvidarme de lo que tendré que hacer de mí
y me centro en lo que fuí y ya no quiero ser. 

A veces se me olvida que cada esquina de mi cuerpo me hacen a mí,
y las hiero para curarme a mi manera,
porque nadie mejor que yo para hacerme daño.

Y aquí es donde quería llegar, 
a hacerme daño yo para que no me lo haga nadie.
Para que llegue enero y no me muera de frío, 
para que verte de vez en cuando se me haga siempre cuesta abajo. 

A venirme abajo pero con ruedines de soporte, 
a volar por las ciudades y decirle a Berlín que hoy está bonito
pero que yo puedo hacerle competencia. 

A creerme mejor que todos pero nunca mejor que el resto,
no se si me sigues, 
quiero decirte que dejé de echarle la culpa a los lunes y ahora me siento mejor. 



Vas a acabar conmigo. Otra vez.

 No se por qué te vas y vuelves, 

no entiendo por qué siempre intermitente.
No sé por qué tus luces no se funden y dejan de cegarme de una vez.
Que nunca pierdo el sueño por cualquiera
y se quedó en mi pecho lo que hiciste.
No entiendo de fecha de caducidad,
ni si te abracé lo suficiente.

No se por qué vuelvo a escucharte en las canciones,
a leerte en cada página,
a verte en los semáforos en rojo.


Frena, por dios.
Vas a acabar conmigo.
Otra vez. 


poco a poco

Poco a poco va tomando forma , aunque siendo honestos me gustaba más cuando tenía una cama extra, estás semana tengo que decidir el rumbo de mi vida, si me quedo en Querétaro o me largo a Canadá.

Un día va a llegar alguien que va a mirarte por primera vez.

 Y luego va a llegar un domingo 

en que vas a olvidar que se siente cuando te clavan las pupilas, 
en que van a borrarse las huellas que alguien dejó dentro de tu piel,
y en que los besos que no te han dado son los que mas marca te van a dejar. 

Y luego va a llegar alguien
y no va a mirarte como te miraron la primera vez,
y no va a clavarse en tus costillas,
y no le va a cosquillear el cuerpo por verte despertar.  

Y luego vas a estar contigo a solas
y vas a querer tirar a la basura los seis días a la semana que te sobran.
Y vas a querer echar a correr,
 y te vas a acordar de que no tienes donde ir.

Te vas a estar buscando.




Y sólo tú decides si te encuentras el domingo, cuando llegue alguien o cuando estés contigo a solas.




corazónamarillo

 Y a tí,

a ti te quiero todas mis derrotas,
todos mis despertares
y cada vez que alguien me ha dicho "no".
Te quiero todas las veces que he dudado,
todas las veces que he llorado
y todas las veces que no he estado aquí. 
Te quiero en las buenas y en las malas.
Eres, Y siempre serás.

 


"Hoy estás guapa porque pareces más feliz que otros días"

 "Hoy estás guapa porque pareces más feliz que otros días"

sin saber que he comenzando un día echando un pulso con las sábanas
y aún no se como he perdido
el sentido sobre todo lo que había dentro de ellas. 
Sin haber visto los volcanes que estallan cada noche
rodando por toda la cama. 
No han visto que hoy estaba otra vez el espejo empañado
y por eso yo no he visto eso que dicen. 
No han escuchadoen  el minuto 2:48 de mi canción menos favorita
la frase que me ha hecho meterme dentro de mi culpa
y ha sacado a relucir todos mis complejos
al haberme reducido a trece palabras. 




Llegué a la cama y pensé : "mierda".

 Eres el error más bonito que jamás he cometido. 

La causa que he encontrado más perdida. 
La consecuencia más provocada.
La mentira mejor creída.
Eres el viaje mejor improvisado.
La sonrisa más triste.
Las lágrimas más felices.
La historia mejor no contada.
Eres el momento menos oportuno.
El final del mejor principio.
El acantilado con menos precipicio.
El futuro más querido carente de sentido.
Eres el tú mejor pronunciado.
Somos el nosotros menos esperado."



ya pensaba que no ibas a venir. ..

 Has llegado tarde, ya pensaba que no ibas a venir. 

Soy muy impaciente, lo se, pero me ha costado mucho llegar hasta aquí
y me daba miedo que te arrepintieras 
justo ahora, cuando yo acabo de llegar. 
No se cuanto tiempo piensas quedarte
pero te advierto que yo no tengo prisa; 
ahora mismo tengo tres meses que ofrecerte. 
Se que siempre hemos sido muy de correr
y de parar en seco para mirar atrás y arrepentirnos. 
Pero hoy he venido porque he decidido quedarme.
Espero que estés de acuerdo y no me falles,
que yo ya no pienso hacerlo.




Estamos.....

 Estamos hechos de todos aquellos retales que recortamos de otras personas 

y nos quedamos para seguir completándonos. 




Soneto)

¿Quién puede regresarse a lo pasado,

si nunca lo pasado ha de volver?
La vida ha de seguir su acontecer
y no volver al sueño ya soñado.
.
El tiempo lleva en sí su amanecer,
y la flor del ayer se ha deshojado,
¿de qué sirve volver a lo velado
e intentar a la flor reverdecer?
.
¡Por qué buscar esa emoción primera!
Imposible que pueda regresarse
al tiempo de la alegre primavera.
.
¡Por qué beber la sed de la quimera!...
Si toda juventud debe marcharse
como se marcha el río en torrentera.



(Soneto dodecasílabo)

 Buscaré, muy lejos, mi felicidad

cortando de un tajo este sufrimiento.
Se acabó el vivir con esta ansiedad
que me hunde en el pozo del abatimiento.

No seré la esclava de su voluntad
ni arrastraré más la cruz del tormento…
Abriendo las alas, a la libertad,
volaré, deprisa, en pos de otro viento.

Un viento que traiga amor sin cadenas,
y sepa arroparme cuando tenga frío,
que encienda la sangre, que se heló en mis venas,

y pueble de luz mi pecho sombrío…
Y así liberado, de las negras penas,
latirá de nuevo el corazón mío.





*Déjame que te prenda con mi aire,

 *Déjame que te prenda con mi aire,

para alentar la llama de tu fuego;
y una vez inflamada, por mi aire,
se alzará la pasión en vivo fuego.

*Déjame ser el agua de tu río,
lágrima desatada en su torrente;
y así llegar al mar, de nuestro río,
con la implacable fuerza del torrente.

*Déjame ser el fruto de tu tierra,
la espiga, en tus trigales, florecida;
porque tú eres mi aire, fuego y tierra,
el agua de mi rosa florecida.

Si me dejas hacerlo..., seré el Todo…
¡Pues si te tengo a ti, me sobra todo!
.



COMO...

                                                                 como no pude

te dejé pasar en remolinos. 
yo quería devolverte algo, para estrenar
no tuve como e incendié el camino para no volver.
la luna nos actuó el paisaje de fondo y de rojo el punto final
se me escapó hacerlo como no sabía.







Dragones...

 mañana con mas tiempo y que se me pase el enojo del día de hoy jajaja les contare la historia de los dragones que me están pidiendo,



¿Cuál es, después de todo, la desventura de saberse un ser triste?

 Cuando la tristeza te abraza siento que hay que dejarla expresarse, tanto que si lo hace por algo es y su función ─si podríamos suponer que tiene alguna─ quizás sea la de limpiar y sanar ese alma corroída y rota por diversos factores.

Asumirse en ese estado es sano también para la propia existencia puesto que negarse a una realidad que impera en determinado momento del tiempo de nuestra vida sería en todo caso ir desviando la mirada, no para seguir de manera diferente sino para evadirse de algo que seguramente sería mejor enfrentar y entonces sí ─de ahí en más─ seguir.
Yo no admiro ni un poco a quienes pregonan una vida de absoluta felicidad porque estar siempre en el mismo lugar, así sea que hablemos de un estado para atravesar la vida, no es conveniente ya que se puede, en todo caso, caer en la vaguedad de vivir en una irrealidad con respecto al hecho de modificarnos continuamente, hecho éste que, en definitiva, no es otra cosa que vivir. ¿Siempre felices? Es ilógico e irreal. Pónganse a pensarlo...
En fin, he sido triste, lo sigo siendo, y lo seré hasta el final de mis días ya que además de que es en estos momentos ─los de tristeza─ donde mi ser pisa el sitio donde se encuentra de una manera más concreta y consciente ─permitiéndome saber quién soy, donde estoy y hacia dónde estoy yendo─ nada malo puede revestir esta forma de entenderse. Después de todo, ¿cuál es la desventura de saberse y sentirse triste?
Lo que los demás puedan opinar sobre uno es algo que debe tenernos sin cuidado, ya se sabe; y si uno se reconoce y sabe transitar su vida de la mejor manera posible ─llevando algo en el camino de su vida de manera que no le haga mal─ la cosa ya está encaminada (parafraseando la idea del camino).
Por último quiero aclarar, en pos de no caer en una contradicción, que todas las entradas anteriores de este blog en donde me expreso y hablo de la felicidad, como haciéndola algo inherente a mi ser, no son algo erróneo o sin valor por estos días ya que ser una persona triste no es sinónimo, ni mucho menos, de estar todo el tiempo en ese lugar o, para ser más concreto, ser un infeliz en la vida. Para nada. Simplemente que uno atraviesa diferentes momentos en su vida y entonces tiene el derecho a compartirlos desde su lugar actual ─actual al momento de compartir algo─ y porque también uno se va conociendo y asumiendo a medida que avanza en los años de experiencia personal y en determinado momento cae la ficha de como se es y entonces, al redescubrirse, se sientan nuevas bases para continuar; y porque siempre se crece y se cambia en la vida, hasta el último segundo de la misma.
Tener la capacidad de asumirse un ser triste es ubicarse en un lugar que nos hace estar más en la tranquilidad emocional, rayando la sensibilidad extrema y aventurándonos a que el radar del dolor pueda estar abierto y en actividad ─transformándonos en seres detenidos con respecto al tiempo del bullicio y de la velocidad actual de la euforia descompasada del día a día en lo que a experimentar se refiere, y de querer ir siempre a por más─ que a ir excitantemente a cada paso por la vida.
Y claro que tengo motivos por los que abrazar la felicidad, sin dejar por eso de ser un hombre triste, porque nunca una cosa invalidará a la otra, y porque quien no se centre y se conozca a fondo a sí mismo, pudiendo saberse auténticamente único y descubierto en su esencia, nunca podrá aspirar a nada; y ¿quién dijo que un alma triste no pueda aspirar a momentos in aeternum de felicidad?
Vamos evolucionando o retrocediendo en la vida, algo tan cierto como que respiramos a cada instante, por eso además, también podemos ir modificando en algunos puntos nuestro abordaje personal de la misma, aunque la esencia y lo que primordialmente pensamos solo se vea matizado y más o menos ornamentado según nuestras épocas anímicas. Nada más que eso.




El derecho, y no el que se estudia.

Todos tenemos derecho a ser bien tratados, a que se nos valore y a que sea cual sea la actitud que asumamos en esta vida —actitud que solo concierna a nuestro ser y a las cosas que él mismo viva, además de las que intervengan para la propia realización y el crecimiento personal— los demás nos respeten y no opongan resistencia a nuestras elecciones por más cercanos, o con derecho a interferir, sean o crean serlo; más cuando nuestra vida no molesta ni interfiere en nada de lo que tenga que ver con la de lo demás.
Que siempre la postura de no entrar en el combate verbal o de la agresión es la llave para no salirse del eje armónico interno personal es la clave para abordar el camino a transitar cuando la mano se ponga heavy, no hay dudas, no queda otra. Porque veámoslo así: si nosotros entrásemos en ese circuito demoledor, de responder de igual manera ante agresiones recibidas, siempre lo negativo terminaría asentándose en el propio espíritu, ya que que al haber despedido maldad, así porque sí, aunque solo sea para tratar de interceptar de manera más piadosa las recibidas en primer lugar, no tendríamos descanso en nuestro interior al sabernos también partícipes de esa rueda viciosa que, básicamente, destila disconformidad.
Porque una cosa puede ser que, ante tanto oprobio recibido, se origine en la propia voluntad o reacción inmediata algo de mala onda, o falta de alegría si se quiere, al interactuar con nuestro... (¿cómo llamarlo?...) digamos con quien tenemos enfrente dispensándonos malos momentos, y otra muy distinta es ser emisor de maldad oral, gestual y conceptual, sin la necesidad de haber recurrido a ese lugar de agresor y adoptándolo por pleno placer y descarga emocional negativa —de vaya a saber que otros contratiempos que seguramente nada tienen que ver con los otros— de manera descarada; si bien convengamos que nunca es oportuno ni conveniente transformarse en alguien que profiera tales actitudes ni tres, ni dos, ni una vez, siquiera.
El amor que hayamos guardado y acumulado en nuestro cuerpo, mejor dicho en nuestro corazón, recibido por otros canales y atesorado como lo más valioso que podamos tener —aún sin saber en el momento de recibirlo que luego podría ser "utilizado" al prevalecer en nuestro ser ante tanta rabia recibida en otro momento— será el motor para no caer ni decaer ante nada, sabiéndonos protegidos por el universo y por ese amor, pudiendo de esta manera llevar adelante el feo momento y lo que decante de éste.
Quien sabe de sufrimientos y tempestades disfruta y goza de todo lo opuesto a eso —paz, tranquilidad, serenidad, silencio exterior e interior, armonía en el transcurso de las horas, bienestar espiritual— y de saberse lejos de cualquier confabulación dañina o falsa; y puede saberse y visualizarse en ese disfrute aún desde el mismo momento en que deba estar viviendo todo aquello que preferiría no haber conocido jamás, ni tener la oportunidad de contarlo o tan siquiera evocarlo en una idea.
Nada debe ser una queja que nos lleve a sentirnos impotentes o ─lo que es peor aún─ capaces de pensar que por algo recibimos lo que recibimos, mereciéndolo quizás por tal o cual razonamiento que solo la turbación y la flaqueza emocional pueden llevar a consentir en nuestros fundamentos.

Siempre fuertes, aún en la debilidad impensada, así hay que estar; siempre adelante, y no desde un lugar de fuerza o ímpetu fingido, sino desde ese que se aborda desde el amor recién mencionado y desde la paz interior de sabernos incapaces de merecer nada de lo malo que recibamos, sabiendo —a esta altura de la vida— que eso recibido inmerecidamente, y vaya a saber por qué motivos, es algo que no nos corresponde a nosotros asumir bajo ninguna circunstancia ni punto de vista.





Solo se trata de no agrandar cosas sin importancia.

 

Muchas veces uno se encuentra afligiéndose, o al menos sintiéndose abatido, por alguna cosa que no merece la menor importancia, teniendo en cuenta lo que realmente reviste su foco de atención además de lo que viene a significar para la propia vida, una vida que siempre debería aspirar en todo momento a dar a cada cosa su verdadera trascendencia.
Por eso hay que tratar de hacer foco en las cosas, o mejor dicho, en los seres verdaderamente importantes que se tiene alrededor y que hacen que la vida no deba reparar en tales cometidos que llevan a sentirse mal para de esta manera, por tal motivo, seguramente lograr, volver a sentirse bien, sonreír y saber que lo demás siempre tiene solución o al menos siempre se puede intentar darle una.
Y se debe sacar de cada experiencia traumática (en definitiva sentirse mal, aunque sea de gusto, es traumático siempre que se tenga en cuenta que uno deja de estar y sentirse bien por algún motivo externo y eso lleva ─se lo quiera o no─ al trauma momentáneo o pasajero pero trauma al fin) algo que sirva para afrontar la próxima. Y aunque en la siguiente desventura de este tipo uno quizás se vuelva a sentir mal a priori, como un mecanismo inconsciente de reflexión ante lo que sucede, hay que saber que enseguida volverán las imágenes y opciones encontradas en la superación de la desazón anterior y entonces todo volverá a estar bien nuevamente.




EMPATÍA

EMPATÍA

f. Sentimiento de participación afectiva de una persona en la realidad que afecta a otra:

la empatía consiste en ser capaz de ponerse en la situación de los demás.

(WordReference.com)

 

 

Es muy triste ─no hay otra palabra que defina mejor lo experimentado─, al menos para mí y para la concepción que tengo de los valores y posturas asumidos en la vida, ver como se puede ir degenerando una actitud en algunas personas y, por este motivo, cambiando una forma de ser que, en general y a groso modo, podríamos decir que todos traemos desde la cuna, que es aquella que nos hace ser empáticos con los demás, y no a través de impostaciones de la personalidad sino por medio de no dar rienda suelta a esos bajos modales que quizás en otros ámbitos suelen ser aceptados, celebrados y disfrutados (escasos ámbitos, seguramente) pero que en los círculos más amplios y generales pasan a ser una desatención y una desubicación llana y lisa.
Cuando uno llega a cierta edad, cuando se considera adulto (lo que no quiere decir que uno sea un ser aburrido o sin sentido del humor o con una expresión adusta todo el tiempo), hay cosas que deben quedar en el tintero definitivamente, más cuando se está compartiendo con otras personas diferentes a las de todos los días que podría incluir a esas que saben de nuestras reacciones que en otro contexto diferente a ése, el de siempre, llegan a ser odiosas, molestas y provocan cada tanto un desencuentro entre la gente, al no saber cómo reaccionar o asumir los comentarios por ejemplo, que se lanzan de cualquier cosa que pueda estar sucediendo en un instante preciso, así sin más.

Experimentar esos instantes suele ser cómico en algunos casos en primera instancia (aduciendo esta comicidad contextualizada a la desazón de no saber qué hacer o cómo reaccionar ante lo sucedido o dicho; resultante de todo esto: la risa, como sinónimo de una expresión o chivo expiatorio para salir del momento a como dé lugar) y a posteriori suele desembocar en las reacciones más inesperadas; ésas que, por cierto, quienes menos se las esperan son quienes se dieron cuenta de lo que se estaba produciendo y pasaron por un desencanto fugaz pero contundente aunque finalmente hayan podido sortearlo y quienes produjeron tal desacierto con su proceder, ya que para estas personas, nada más natural que ser, desenvolverse y manejarse así.

Porque hasta cierto punto podría entenderse que cada cual es como es y de ahí en más nada debería interferir en el ser como se es, valga la redundancia; pero no, ocurre que hay tiempo y lugar para todo y por tal motivo no se puede ir por la vida como se es siempre, sin tratar de contemplar al menos en un porcentaje ínfimo al otro y a lo que ese otro pudiera sentir con las expresiones que uno tiene.

Pasa por una chiquilinada y formas de ser absolutamente inmaduras, egoístas y ridículas que todos debamos adaptarnos, aunque las entendamos y podamos darnos cuenta que no revisten ninguna maldad, a reacciones adquiridas en otro contexto absolutamente diferente al nuestro. En cada sitio se es como el contexto lo vaya marcando, tampoco esto significa andar siendo falsos y poco auténticos si lo entendemos desde el lugar de que quien se encuentra con alguien es de una manera específica, siendo a la vez, con certeza, completamente diferente a cuando se encuentra con alguien más. Sino estaríamos hablando de un egoísmo sin par en el que los demás deben adaptarse a nosotros para nunca interactuar plenamente, adaptándonos todos (cada uno desde su lugar), como un “encuentro” ─siempre de más de uno, que por eso se “encuentran”─ lo requiere.

Y experimentar, vivir, este tipo de momentos, con sus “in situ” y sus “a posteriori”, es francamente incómodo y desconcertante porque hay que entender que el malestar de presenciarlos y la confusión derivada de las reacciones de todas las partes es algo que nunca podremos evitar aunque bien por fuera nos sintamos estar de lo que dictaminan y decantan todas ellas.

Tal es así que siempre vamos a tener que chocar contra esa realidad que nos sofoca y, nuevamente, nos entristece provocando en nuestro ser, en ese más íntimo y profundo que aspira siempre a la concordia y al bienestar de todas las partes, una añoranza de cuando la empatía abundaba en las almas humanas y no se andaba esperando tanto que a uno lo entiendan en todo lo que hace sino adaptándose a cada momento, como así tampoco sintiendo que todo era contra uno y que el mundo estaba contra uno siempre porque uno, vaya a saber porqué, lo experimentaba de esa manera.

En fin, la gente crece en años y en rebusques y si bien es necesario superarse y entender que no todos pueden estar bien con todos todo el tiempo, está bueno saberse simple y en esa simplicidad hacer sentir simples y bien a los demás.