Salí descalzo, el fresco de la tierra empapada abrazaba mis pies mientras el lodo corría entre los dedos al pisar. El aire gélido congelaba el instante en el que las gotas gentiles de lluvia aterrizaban en mi frente al contemplar el cielo obscurecido y tintado de rojo.
Sentía las horas caer detrás de las montañas susurrando al día para arrullarlo mientras dormitaba hasta sucumbir en la penumbra... Seguí el paso hasta regresar al pórtico. Enjuagué mis pies en un charco cristalino y me senté en un escalón para desvanecerme mientras el agua diluía mi existencia en este mundo...
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