A veces me escondo detrás de mi mismo para perderme de vista
Para que llegue enero y no me muera de frío,
Vas a acabar conmigo. Otra vez.
No se por qué te vas y vuelves,
poco a poco
Un día va a llegar alguien que va a mirarte por primera vez.
Y luego va a llegar un domingo
corazónamarillo
Y a tí,
"Hoy estás guapa porque pareces más feliz que otros días"
"Hoy estás guapa porque pareces más feliz que otros días"
sin saber que he comenzando un día echando un pulso con las sábanasy aún no se como he perdido
el sentido sobre todo lo que había dentro de ellas.
Sin haber visto los volcanes que estallan cada noche
rodando por toda la cama.
No han visto que hoy estaba otra vez el espejo empañado
y por eso yo no he visto eso que dicen.
No han escuchadoen el minuto 2:48 de mi canción menos favorita
la frase que me ha hecho meterme dentro de mi culpa
y ha sacado a relucir todos mis complejos
al haberme reducido a trece palabras.
Llegué a la cama y pensé : "mierda".
Eres el error más bonito que jamás he cometido.
ya pensaba que no ibas a venir. ..
Has llegado tarde, ya pensaba que no ibas a venir.
Estamos.....
Estamos hechos de todos aquellos retales que recortamos de otras personas
Soneto)
¿Quién puede regresarse a lo pasado,
si nunca lo pasado ha de volver?La vida ha de seguir su acontecer
y no volver al sueño ya soñado.
.
El tiempo lleva en sí su amanecer,
y la flor del ayer se ha deshojado,
¿de qué sirve volver a lo velado
e intentar a la flor reverdecer?
.
¡Por qué buscar esa emoción primera!
Imposible que pueda regresarse
al tiempo de la alegre primavera.
.
¡Por qué beber la sed de la quimera!...
Si toda juventud debe marcharse
como se marcha el río en torrentera.
(Soneto dodecasílabo)
Buscaré, muy lejos, mi felicidad
cortando de un tajo este sufrimiento.Se acabó el vivir con esta ansiedad
que me hunde en el pozo del abatimiento.
No seré la esclava de su voluntad
ni arrastraré más la cruz del tormento…
Abriendo las alas, a la libertad,
volaré, deprisa, en pos de otro viento.
Un viento que traiga amor sin cadenas,
y sepa arroparme cuando tenga frío,
que encienda la sangre, que se heló en mis venas,
y pueble de luz mi pecho sombrío…
Y así liberado, de las negras penas,
latirá de nuevo el corazón mío.
*Déjame que te prenda con mi aire,
*Déjame que te prenda con mi aire,
para alentar la llama de tu fuego;y una vez inflamada, por mi aire,
se alzará la pasión en vivo fuego.
*Déjame ser el agua de tu río,
lágrima desatada en su torrente;
y así llegar al mar, de nuestro río,
con la implacable fuerza del torrente.
*Déjame ser el fruto de tu tierra,
la espiga, en tus trigales, florecida;
porque tú eres mi aire, fuego y tierra,
el agua de mi rosa florecida.
Si me dejas hacerlo..., seré el Todo…
¡Pues si te tengo a ti, me sobra todo!
.
COMO...
como no pude
no tuve como e incendié el camino para no volver.
se me escapó hacerlo como no sabía.
Dragones...
mañana con mas tiempo y que se me pase el enojo del día de hoy jajaja les contare la historia de los dragones que me están pidiendo,
¿Cuál es, después de todo, la desventura de saberse un ser triste?
Cuando la tristeza te abraza siento que hay que dejarla expresarse, tanto que si lo hace por algo es y su función ─si podríamos suponer que tiene alguna─ quizás sea la de limpiar y sanar ese alma corroída y rota por diversos factores.
Asumirse en ese estado es sano también para la
propia existencia puesto que negarse a una realidad que impera en determinado
momento del tiempo de nuestra vida sería en todo caso ir desviando la mirada,
no para seguir de manera diferente sino para evadirse de algo que seguramente
sería mejor enfrentar y entonces sí ─de ahí en más─ seguir.
Yo no admiro ni un poco a quienes pregonan una
vida de absoluta felicidad porque estar siempre en el mismo lugar, así sea que
hablemos de un estado para atravesar la vida, no es conveniente ya que se
puede, en todo caso, caer en la vaguedad de vivir en una irrealidad con
respecto al hecho de modificarnos continuamente, hecho éste que, en definitiva,
no es otra cosa que vivir. ¿Siempre felices? Es ilógico e irreal. Pónganse a
pensarlo...
En fin, he sido triste, lo sigo siendo, y lo seré
hasta el final de mis días ya que además de que es en estos momentos ─los de
tristeza─ donde mi ser pisa el sitio donde se encuentra de una manera más
concreta y consciente ─permitiéndome saber quién soy, donde estoy y hacia dónde
estoy yendo─ nada malo puede revestir esta forma de entenderse. Después de
todo, ¿cuál es la desventura de saberse y sentirse triste?
Lo que los demás puedan opinar sobre uno es algo
que debe tenernos sin cuidado, ya se sabe; y si uno se reconoce y sabe
transitar su vida de la mejor manera posible ─llevando algo en el camino de su
vida de manera que no le haga mal─ la cosa ya está encaminada (parafraseando la
idea del camino).
Por último quiero aclarar, en pos de no caer en
una contradicción, que todas las entradas anteriores de este blog en donde me
expreso y hablo de la felicidad, como haciéndola algo inherente a mi ser, no
son algo erróneo o sin valor por estos días ya que ser una persona triste no es
sinónimo, ni mucho menos, de estar todo el tiempo en ese lugar o, para ser más
concreto, ser un infeliz en la vida. Para nada. Simplemente que uno atraviesa
diferentes momentos en su vida y entonces tiene el derecho a compartirlos desde
su lugar actual ─actual al momento de compartir algo─ y porque también uno se
va conociendo y asumiendo a medida que avanza en los años de experiencia
personal y en determinado momento cae la ficha de como se es y entonces, al
redescubrirse, se sientan nuevas bases para continuar; y porque siempre se
crece y se cambia en la vida, hasta el último segundo de la misma.
Tener la capacidad de asumirse un ser triste es
ubicarse en un lugar que nos hace estar más en la tranquilidad emocional,
rayando la sensibilidad extrema y aventurándonos a que el radar del dolor pueda
estar abierto y en actividad ─transformándonos en seres detenidos con respecto
al tiempo del bullicio y de la velocidad actual de la euforia descompasada del
día a día en lo que a experimentar se refiere, y de querer ir siempre a por
más─ que a ir excitantemente a cada paso por la vida.
Y claro que tengo motivos por los que abrazar la
felicidad, sin dejar por eso de ser un hombre triste, porque nunca una cosa
invalidará a la otra, y porque quien no se centre y se conozca a fondo a sí
mismo, pudiendo saberse auténticamente único y descubierto en su esencia, nunca
podrá aspirar a nada; y ¿quién dijo que un alma triste no pueda aspirar a momentos in aeternum de felicidad?
Vamos evolucionando o retrocediendo en la vida,
algo tan cierto como que respiramos a cada instante, por eso además, también
podemos ir modificando en algunos puntos nuestro abordaje personal de la misma,
aunque la esencia y lo que primordialmente pensamos solo se vea matizado y más
o menos ornamentado según nuestras épocas anímicas. Nada más que eso.
El derecho, y no el que se estudia.
Todos tenemos derecho a ser bien tratados, a que se nos valore y a que
sea cual sea la actitud que asumamos en esta vida —actitud que solo concierna a
nuestro ser y a las cosas que él mismo viva, además de las que intervengan para
la propia realización y el crecimiento personal— los demás nos respeten y no
opongan resistencia a nuestras elecciones por más cercanos, o con derecho a
interferir, sean o crean serlo; más cuando nuestra vida no molesta ni
interfiere en nada de lo que tenga que ver con la de lo demás.
Que siempre la postura de no entrar en el combate verbal o de la agresión es la
llave para no salirse del eje armónico interno personal es la clave para
abordar el camino a transitar cuando la mano se ponga heavy, no hay dudas, no
queda otra. Porque veámoslo así: si nosotros entrásemos en ese circuito
demoledor, de responder de igual manera ante agresiones recibidas, siempre lo
negativo terminaría asentándose en el propio espíritu, ya que que al haber
despedido maldad, así porque sí, aunque solo sea para tratar de interceptar de
manera más piadosa las recibidas en primer lugar, no tendríamos descanso en
nuestro interior al sabernos también partícipes de esa rueda viciosa que,
básicamente, destila disconformidad.
Porque una cosa puede ser que, ante tanto oprobio recibido, se origine en la
propia voluntad o reacción inmediata algo de mala onda, o falta de alegría si
se quiere, al interactuar con nuestro... (¿cómo llamarlo?...) digamos con quien
tenemos enfrente dispensándonos malos momentos, y otra muy distinta es ser
emisor de maldad oral, gestual y conceptual, sin la necesidad de haber
recurrido a ese lugar de agresor y adoptándolo por pleno placer y descarga
emocional negativa —de vaya a saber que otros contratiempos que seguramente
nada tienen que ver con los otros— de manera descarada; si bien convengamos que
nunca es oportuno ni conveniente transformarse en alguien que profiera tales
actitudes ni tres, ni dos, ni una vez, siquiera.
El amor que hayamos guardado y acumulado en nuestro cuerpo, mejor dicho en
nuestro corazón, recibido por otros canales y atesorado como lo más valioso que
podamos tener —aún sin saber en el momento de recibirlo que luego podría ser
"utilizado" al prevalecer en nuestro ser ante tanta rabia recibida en
otro momento— será el motor para no caer ni decaer ante nada, sabiéndonos
protegidos por el universo y por ese amor, pudiendo de esta manera llevar
adelante el feo momento y lo que decante de éste.
Quien sabe de sufrimientos y tempestades disfruta y goza de todo lo opuesto a
eso —paz, tranquilidad, serenidad, silencio exterior e interior, armonía en el
transcurso de las horas, bienestar espiritual— y de saberse lejos de cualquier
confabulación dañina o falsa; y puede saberse y visualizarse en ese disfrute
aún desde el mismo momento en que deba estar viviendo todo aquello que
preferiría no haber conocido jamás, ni tener la oportunidad de contarlo o tan
siquiera evocarlo en una idea.
Nada debe ser una queja que nos lleve a sentirnos impotentes o ─lo que es peor
aún─ capaces de pensar que por algo recibimos lo que recibimos, mereciéndolo
quizás por tal o cual razonamiento que solo la turbación y la flaqueza
emocional pueden llevar a consentir en nuestros fundamentos.
Siempre fuertes, aún en la debilidad impensada, así hay que estar;
siempre adelante, y no desde un lugar de fuerza o ímpetu fingido, sino desde
ese que se aborda desde el amor recién mencionado y desde la paz interior de
sabernos incapaces de merecer nada de lo malo que recibamos, sabiendo —a esta
altura de la vida— que eso recibido inmerecidamente, y vaya a saber por qué
motivos, es algo que no nos corresponde a nosotros asumir bajo ninguna
circunstancia ni punto de vista.
Solo se trata de no agrandar cosas sin importancia.
Muchas
veces uno se encuentra afligiéndose, o al menos sintiéndose abatido, por alguna
cosa que no merece la menor importancia, teniendo en cuenta lo que realmente
reviste su foco de atención además de lo que viene a significar para la propia
vida, una vida que siempre debería aspirar en todo momento a dar a cada cosa su
verdadera trascendencia.
Por eso hay que tratar de hacer foco en las cosas,
o mejor dicho, en los seres verdaderamente importantes que se tiene alrededor y
que hacen que la vida no deba reparar en tales cometidos que llevan a sentirse
mal para de esta manera, por tal motivo, seguramente lograr, volver a sentirse
bien, sonreír y saber que lo demás siempre tiene solución o al menos siempre se
puede intentar darle una.
Y se debe sacar de cada experiencia traumática (en
definitiva sentirse mal, aunque sea de gusto, es traumático siempre que se
tenga en cuenta que uno deja de estar y sentirse bien por algún motivo externo
y eso lleva ─se lo quiera o no─ al trauma momentáneo o pasajero pero trauma al
fin) algo que sirva para afrontar la próxima. Y aunque en la siguiente
desventura de este tipo uno quizás se vuelva a sentir mal a priori, como un
mecanismo inconsciente de reflexión ante lo que sucede, hay que saber que
enseguida volverán las imágenes y opciones encontradas en la superación de la
desazón anterior y entonces todo volverá a estar bien nuevamente.
EMPATÍA
EMPATÍA
f. Sentimiento de participación afectiva de una persona en la realidad
que afecta a otra:
la empatía
consiste en ser capaz de ponerse en la situación de los demás.
(WordReference.com)
Es muy triste ─no hay otra palabra que defina mejor lo experimentado─,
al menos para mí y para la concepción que tengo de los valores y posturas
asumidos en la vida, ver como se puede ir degenerando una actitud en algunas
personas y, por este motivo, cambiando una forma de ser que, en general y a
groso modo, podríamos decir que todos traemos desde la cuna, que es aquella que
nos hace ser empáticos con los demás, y no a través de impostaciones de la
personalidad sino por medio de no dar rienda suelta a esos bajos modales que
quizás en otros ámbitos suelen ser aceptados, celebrados y disfrutados (escasos
ámbitos, seguramente) pero que en los círculos más amplios y generales pasan a
ser una desatención y una desubicación llana y lisa.
Cuando uno llega a cierta edad, cuando se considera adulto (lo que no quiere
decir que uno sea un ser aburrido o sin sentido del humor o con una expresión
adusta todo el tiempo), hay cosas que deben quedar en el tintero
definitivamente, más cuando se está compartiendo con otras personas diferentes
a las de todos los días que podría incluir a esas que saben de nuestras reacciones
que en otro contexto diferente a ése, el de siempre, llegan a ser odiosas,
molestas y provocan cada tanto un desencuentro entre la gente, al no saber cómo
reaccionar o asumir los comentarios por ejemplo, que se lanzan de cualquier
cosa que pueda estar sucediendo en un instante preciso, así sin más.
Experimentar esos instantes suele ser cómico en algunos casos en primera
instancia (aduciendo esta comicidad contextualizada a la desazón de no saber
qué hacer o cómo reaccionar ante lo sucedido o dicho; resultante de todo esto:
la risa, como sinónimo de una expresión o chivo expiatorio para salir del
momento a como dé lugar) y a posteriori suele desembocar en las reacciones más
inesperadas; ésas que, por cierto, quienes menos se las esperan son quienes se
dieron cuenta de lo que se estaba produciendo y pasaron por un desencanto fugaz
pero contundente aunque finalmente hayan podido sortearlo y quienes produjeron
tal desacierto con su proceder, ya que para estas personas, nada más natural
que ser, desenvolverse y manejarse así.
Porque hasta cierto punto podría entenderse que cada cual es como es y
de ahí en más nada debería interferir en el ser como se es, valga la
redundancia; pero no, ocurre que hay tiempo y lugar para todo y por tal motivo
no se puede ir por la vida como se es siempre, sin tratar de contemplar al
menos en un porcentaje ínfimo al otro y a lo que ese otro pudiera sentir con
las expresiones que uno tiene.
Pasa por una chiquilinada y formas de ser absolutamente inmaduras,
egoístas y ridículas que todos debamos adaptarnos, aunque las entendamos y
podamos darnos cuenta que no revisten ninguna maldad, a reacciones adquiridas
en otro contexto absolutamente diferente al nuestro. En cada sitio se es como
el contexto lo vaya marcando, tampoco esto significa andar siendo falsos y poco
auténticos si lo entendemos desde el lugar de que quien se encuentra con
alguien es de una manera específica, siendo a la vez, con certeza,
completamente diferente a cuando se encuentra con alguien más. Sino estaríamos
hablando de un egoísmo sin par en el que los demás deben adaptarse a nosotros
para nunca interactuar plenamente, adaptándonos todos (cada uno desde su lugar), como un “encuentro” ─siempre de más de uno, que por eso se “encuentran”─
lo requiere.
Y experimentar, vivir, este tipo de momentos, con sus “in situ” y sus “a
posteriori”, es francamente incómodo y desconcertante porque hay que entender
que el malestar de presenciarlos y la confusión derivada de las reacciones de
todas las partes es algo que nunca podremos evitar aunque bien por fuera nos
sintamos estar de lo que dictaminan y decantan todas ellas.
Tal es así que siempre vamos a tener que chocar contra esa realidad que nos
sofoca y, nuevamente, nos entristece provocando en nuestro ser, en ese más íntimo y profundo que aspira siempre a la
concordia y al bienestar de todas las
partes, una añoranza de cuando la empatía abundaba en las almas humanas y no se andaba esperando
tanto que a uno lo entiendan en todo lo
que hace sino adaptándose a cada momento, como así tampoco sintiendo que todo era
contra uno y que el mundo estaba
contra uno siempre
porque uno, vaya a saber porqué, lo experimentaba de esa manera.
En fin, la gente crece en años y en rebusques y si bien es necesario
superarse y entender que no todos pueden estar bien con todos todo el tiempo,
está bueno saberse simple y en esa simplicidad
hacer sentir simples y bien a los demás.

















